Rusia expresó este martes su respaldo al nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela, al considerar que la medida contribuye a preservar la paz y la estabilidad del país frente a lo que calificó como “flagrantes amenazas neocoloniales y agresión armada extranjera”.

En un comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso subrayó que Venezuela debe ejercer plenamente su derecho a decidir su propio destino, sin interferencias externas. “Insistimos firmemente en que debe garantizarse a Venezuela el derecho a determinar su futuro sin ninguna injerencia destructiva”, señaló la cancillería.

Aunque el texto no menciona directamente a Estados Unidos, la postura rusa se produce tras la operación militar ordenada por el presidente Donald Trump, quien el sábado envió fuerzas especiales para capturar al mandatario venezolano Nicolás Maduro y trasladarlo a territorio estadounidense. Maduro se declaró no culpable de los cargos de narcotráfico y reiteró que continúa siendo el líder legítimo de Venezuela.

Moscú destacó que ve con buenos ojos las acciones de las autoridades venezolanas para proteger la soberanía nacional y los intereses del Estado. “Reafirmamos la inquebrantable solidaridad de Rusia con el pueblo y el Gobierno de Venezuela”, indicó el comunicado, en el que además se asegura que el Kremlin seguirá brindando el apoyo necesario.

El caso venezolano se suma a una serie de reacomodos geopolíticos sensibles para Moscú. Maduro se convirtió en el segundo aliado cercano de Rusia en ser desplazado del poder en poco más de un año, luego del derrocamiento del presidente sirio Bashar al-Asad en diciembre de 2024.

En este contexto, una fuente rusa de alto nivel citada por Reuters advirtió que, si Washington busca reafirmar una Doctrina Monroe renovada para consolidar su dominio en el hemisferio occidental, Rusia también se considera con derecho a defender su propia esfera de influencia en el escenario internacional.

La reacción del Kremlin confirma que la crisis venezolana ha escalado más allá del ámbito regional y se ha convertido en un nuevo punto de tensión geopolítica, con implicaciones directas en el equilibrio de poder global.