- Escrita por: Eduardo González Velázquez.
El sueño americano hace varios años que quedó atrás. Cruzar la frontera “con o sin papeles” ha dejado de ser una garantía para acceder a un empleo de calidad que permita a las personas migrantes obtener lo que no pudieron en sus terruños. El trabajo sigue existiendo, pero las condiciones salariales y la cualidad misma del empleo han bajado. “El dueño de este restorán llegó a finales de los años setenta y mira qué logró, yo llegué años después y no he podido pasar de taquero no puedo tener mi propia taquería”. Así como Agustín a quien le brilla la frente por el sudor, varios mexicanos y centroamericanos añoran los años que otras generaciones vivieron y les han contado. Por supuesto, no todas las ciudades o pueblos ofrecen las mismas oportunidades “existen otras peores a Houston, aquí al menos encontramos jale”, comenta una mesera en franca carrera para llevar la orden de tacos al pastor a unos sinaloenses hambrientos.
Lo más complicado ni siquiera es conseguir empleo “ese como quiera que sea sale, lo difícil es tener permiso de trabajo”, dice la salvadoreña Deisy, quien lleva siete años en Houston y apenas consiguió su permiso para laborar, pero no logró obtener su Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) “ese me hubiera servido más” porque el permiso es individual y su esposo no puede utilizarlo para conseguir su permiso, a menos que ella tuviera la residencia.

Los nombres de las personas son falsos
Hace diez meses que trabaja para una compañía de bebidas y da servicio a los supermercados Fiesta “aquí me siento segura, no han entrado los del hielito”, me dice con una tensa sonrisa asomando su cabeza de entre las cajas de refresco que ha vaciado a la estantería. Antes trabajó en Mi Tienda y limpiando casas. En las tiendas se paga mejor y se trabaja menos que aseando casas. Deisy ya es “merchandiser” y “eso me gusta porque de mí depende que el producto que ofrecemos tenga buena vista en los selfis para que se venda bien, antes surtía en Town y otros lugares, hoy solo Fiesta, Seller Brothers y Ahorros. Mi horario es de 6 de la mañana a 6 de la tarde y me pagan 800 dólares a la semana. Tengo 5 días de descanso por emergencia o enfermedad, y una semana de vacaciones al año”. En una ciudad como Houston, 3 mil 200 dólares no son suficientes para vivir. “Yo porque tengo a mi esposo que es el fuerte de la casa, pero imagínate quienes están solos o las familias donde únicamente trabaja una persona, eso no es suficiente”. Me llama la atención el calificativo de “fuerte” porque el esposo trabaja como llantero por comisión, no tiene acceso a ningún programa social de salud y no cuenta con permiso de trabajo, además “se tiene que estar cuidando todos los días porque es un riesgo salir”. Pensar en conseguir la residencia es algo muy lejano en el tiempo y los costos, “puede llevarnos hasta diez años y pagar entre 5 mil y 10 mil dólares por el proceso sin que sea seguro que la obtengamos”.
“Eso que miras no es panadería, aunque diga que es artesanal, todo es pura publicidad, si quieres una verdadera panadería mexicana debes ir a El Bolillo, ahí si vas a probar pan como en nuestra tierra”, escucho decir a mi lado a Sandra, una mujer del servicio de limpieza de Joe VS, quien me mira intrigada por los ojos que le lanzo a las vitrinas repletas de pan dulce. La convicción de la mujer me llevó a la panificadora recomendada. Al abrir la puerta de la panificadora el olor me envuelve. La vista no logra detenerse en un pan, todos atraen mi olfato. Es tiempo de capirotada y en El Bolillo lo saben: $3.50 la porción chica y $5.5 la grande “no la vea, tómela antes de que se acabe”, es la recomendación de la cajera ante mi duda frente al postre típico del norte y occidente de México en época de cuaresma. Dejo de pensar y me decanto por la porción grande. Los pasteles cubiertos de betún multicolor inundan los refrigeradores, también hay flan napolitano. Un verdadero palacio de azúcar. El eslogan de la panadería pintado al centro del local junto al cuadro Los Tulipanes de Diego Rivera, reza “pan bien mexicano”. Logro contar al menos cuarenta personas llenando las charolas y haciendo tres filas para pagar. No en balde la cajera me advirtió que la capirotada se acaba. Lo que me terminé antes de llegar al carro fue un polvorón de vainilla en recuerdo de mi madre que los amaba.

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Luego de dar cuenta de la ventaja de conseguir empleo, poco a poco comienzan a llegar lamentos texanos que no bolivianos por lo complicado de la economía y del aumento en el desempleo. “Con Trump ha bajado el trabajo, estamos ganando menos porque la venta está más baja. Los precios de la comida, salud y vivienda siguen subiendo. La renta de un departamento ahora vale 1200 cuando antes costaba 800 o 700 dólares con una recámara y un baño”. “Cuando nos enfermamos nos ponemos a temblar, por una consulta lo menos que nos cobran son 500 dólares más los exámenes y las medicinas, salimos secos del consultorio. Hoy la salud es un lujo”. Muchos migrantes no cuentan con Obamacare o algún programa del Estado. “Si buscamos apoyo, lo toman como carga pública, y corremos el riesgo que nos busquen para deportarnos”, son las voces de unos trabajadores de jardinería en Plaza Américas, un centro comercial “muy latino”, me dicen.
El lugar “latino” no deja nada a la imaginación, incluso tiene montado en uno de sus costados El Mercado con un “pueblito mexicano” con bancas y una arcada simulando una plaza pública en cualquier pueblo de México, cuenta con un escenario para eventos que es cobijado por un gran mural recordando alguna población al sur del río Bravo “hasta mariachis le pusieron” me señala Catalina, una de las pocas vendedoras que quedan en El Mercado, “porque con Trump todo va muy mal”.
Los datos oficiales del gobierno estadunidense no nos permiten especular sobre la validez de las afirmaciones mencionadas. El más reciente informe de inflación en Estados Unidos mostró que los precios de los bienes y servicios registraron en marzo un aumento de 3.3%, en comparación con 2025. El índice de energía se disparó 10.9% en el mismo mes, el mayor incremento mensual desde 2005 impulsado por un aumento del 21.2% en la gasolina, que por sí sola representó cerca de tres cuartas partes del incremento mensual de la inflación general. La Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) señaló que, en términos mensuales, durante marzo el Índice de Precios al Consumidor (CPI) aumentó 0.9%, luego de haber registrado un incremento de 0.3% en febrero.

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Por otro lado, la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios informó que en marzo las ventas de viviendas cayeron a su nivel más bajo en nueve meses. La asequibilidad de la vivienda ha sido un tema central en los problemas del costo de vida. El Consejo de Asesores Económicos de Donald Trump estima que el déficit de viviendas en la Unión Americana asciende a unos 10 millones de unidades, una cifra mucho mayor que las proyecciones previas de los especialistas del mercado inmobiliario nacional.
Al final, las quejas de los migrantes no son inventos, son experiencias en carne propia.
El eslogan del supermercado El Rancho “El rey de los precios bajos” parece enmudecer ante los consistentes incrementos luego del 28 de febrero cuando comenzó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. No obstante, para Eusebio este lugar es de los más económicos “otros son muy caros”, por eso (me señala), en sus etiquetas ponen “precio wow”, me dice al tiempo que alza la mirada para elegir una piñata de entre una fila colgante de al menos cuarenta listas para ser despanzurradas.
La salvadoreña María de 69 años que cuenta con residencia y tiene una pensión necesita trabajar tres días a la semana aseando los pisos de un supermercado. “Mi pensión no me alcanza no tengo Medicare, y no soy solo yo, la mayoría de los trabajadores la estamos pasando mal con Trump, él apoya más a quienes más tienen”. Sus afirmaciones se ven reforzadas con las reflexiones de José de Jesús Guzmán un hidrocálido de 61 años que es “rodino”: “Con Trump nos ha ido mal. Si tu volteas a ver el negocio donde estamos hay una, dos o tres mesas con gente, tenemos una llamada de Uber nada más, ya es muy raro que se junten más clientes, a menos que sea día de paga. Tenemos tres días buenos y tres malos. El patrón se desespera porque los gastos no se detienen y ni modo que estemos sube y sube los precios”. Es evidente que el lugar ya les quedó grande, muchas mesas se miran vacías, cajones de estacionamiento sin autos, hasta las jardineras muestran un aspecto de abandono, “las vueltas al supermercado para comprar comida para preparar lo que vendemos son cada vez más espaciadas”. De la baja en la clientela no se escapa nadie ora restoranes, ora taquerías, ora tortillerías, ora trailas como La Raza Motors, Las Glorias, o Lindo México, “todas andamos sufriendo por las ventas”.

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La ausencia de compradores en varios lugares refuerza el sentir de los migrantes, sea en los supermercados, sea en los centros de diversión, sea en los restoranes y taquería, hasta en las peluquerías y las tiendas de remedios para la sanación hay poca clientela. La Botánica y Hierbería San Lázaro es un buen ejemplo de ello, “me dan ganas de usar los brebajes que vendo para atraer clientes y usarlos conmigo”, me dice la encargada del establecimiento, al tiempo que miro la máquina “Milagros de México” que ofrece “un mensaje de inspiración diariamente” tan solo por veinticinco centavos. En los anaqueles se ofrece de todo, “es difícil que llegues con un problema y no salgas con la solución”, asegura Gina. A pesar del problema económico lo que más buscan son “soluciones” amorosas, “amarres y desamarres”. Para eso la botánica se pinta sola, ofrece “amansa guapo”, “amarra hombre”, “corderito manso”, “potencias africanas”, y para no meternos en problemas además de veladoras con el santoral en extenso, tienen la veladora “tapa boca” con la imagen de una mujer colocando su mano sobre su boca y abriendo ampliamente sus ojos. También se ofrece la oración “completa” del ánima de Jesús Malverde, una imagen de metro y medio de alto de la Santa Muerte que garantiza las siete potencias: protección, amor, salud, poder, dinero, contra daño y contra casos legales, así como cuadros con fuerte sincretismo donde se observa a la Santa Muerte flanqueada por Malverde y Jesús.
En el local contiguo las tijeras de barbero no dejan de sonar. “Su ruido me estimula”, me dice Ariel al pie de su estación. “Yo tenía TPS y me lo quitó Trump, ahora solo me queda el permiso de trabajo que debo renovarlo cada 5 años”. Apenas superará el límite de la presidencia trumpiana cuando sea hora de renovarlo, en cambio los nuevos permisos difícilmente se obtienen por año y medio.
Sin embargo, para Ariel las oportunidades que brinda Estados Unidos son suficientes para salir adelante. Al llegar de Venezuela “miré la diferencia económica, ya no tenía que sobrevivir, sino conseguir algo más”, me cuenta orgulloso porque ya está a punto de abrir su propia barbería y rentar estaciones a peluqueros que apenas comienzan, no obstante, al tiempo que afirma eso, uno de los clientes comenta que antes las cosas marchaban mejor, pero con Trump la economía ha bajado, “antes había más oportunidades”.
El hambre arecía y decido probar los tacos de Mi Tienda, Rosario me toma la orden. Me decanto por una carne asada con frijoles y arroz y un jarrito de naranja. El montaje y la escenografía del lugar quiere simular la fachada de una casa “pueblerina” mexicana con balcones y barandales de madera repletos con flores artificiales, en un anaquel cerca de las mesas miro “juguetes mexicanos” como lotería con llamadores de lotería en lugar de cartas, trompo, yoyo, balero, maracas todos de la marca Mamá Elvira. Mientras me cobra y me entrega el platillo, Rosario recuerda su niñez cuando la enseñaron a cocinar, pero ahora en Houston todo el día es trabajar, lo hago en diferentes lugares haciendo de todo para ganar bien no me enfoco en una sola cosa.

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Ya comido la caminata hacia las afueras de la ciudad es más ligera. Paso por la taquería Las Glorias que me recuerdan de nuevo a mi mamá. En esas calles comienzan a desaparecer las banquetas, brotan pozos en las calles, mucha basura, el descuido gubernamental es evidente, entre cercas de madera y automóviles abandonados me topo con un lugar donde se vende leña de mezquite, conforme me acerco la primera impresión que tuve de pensar que era un lugar desolado cambia por completo al escuchar la voz del encargado quien me ofrece la leña al mejor precio de los alrededores. Luego de saludarlo le doy la espalda y continúo mi andar. Esa periferia de Houston parece que no forma parte de la ciudad, incluso así lo aprecio al escuchar a una mesera en Las Glorias “sin papeles”, pero “con mucho trabajo” de lunes a domingo que escasamente le permite sobrevivir con un sueldo diario que bordea los veinte dólares más propinas. Su esposo en la industria de la construcción gana esa cantidad por hora.
En una mesa afuera de la nevería la Costeñita que también ofrece elotes preparados me siento a beber agua junto a otro barbero hondureño que recuerda el Houston que se fue, aunque reconoce algunas ventajas de la ciudad actual. El oficio de barbero lo aprendió a los 13 años en Honduras y su experiencia alcanza los 15 años 8 de ellos viviendo en Houston. Aunque no deja de añorar la ciudad que lo recibió, no se queja porque tiene un buen empleo, “me gusta servirle a la gente”. Se especializa en barba y cabello de hombre y aunque puede “cortar pelo de mujer, no lo hago porque las mujeres son más detallistas con el aspecto de su pelo”. Como miles de migrantes centroamericanos, Raúl sufrió la frontera vertical mexicana: “la pasada es bien complicada, no nos fue muy bien en México, batallamos y sufrimos bastante”. Por “cosas de la vida” el maestro de las tijeras y la máquina no ha podido arreglar su estatus migratorio, ni su permiso de trabajo. Toda su familia sigue en Honduras. Incluso, me comentó que no quería venir a Estados Unidos porque “vivía tranquilo en Honduras”, sin embargo, las pandillas le arrebataron su barbería. Por eso, se decanta a favor de la estrategia de seguridad puesta en marcha por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele que lo lleva a pensar que el país centroamericano está mejor que Houston. Como él, varios migrantes centroamericanos, no todos salvadoreños, se mostraron favorables a lo hecho por Bukele.

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El sistema de trabajo en las barberías es a partir de la renta de las estaciones. Raúl paga mil dólares al mes “el precio general” y gana entre 3 mil 600 y 4 mil dólares en cuatro semanas descansando solo cuatro días, “aunque hay semanas que he sacado hasta dos mil dólares”. La verdadera fuente del salario no son los precios estipulados, una barba 25 dólares un corte de cabello 40, sino de las propinas. El proyecto en el cual trabaja Raúl es tener su propia barbería y rentar las estaciones a otros hondureños, desde luego, el futuro es “complicado porque a los barberos nos ha afectado demasiado con la crisis y la persecución del ICE, la gente prefiere a veces cortarse el pelo y la barba en su casa y ahorrarse 40 o 50 dólares”. Eso es triste “porque los latinos somos una pieza importante en este país”, no obstante, piensa que en las elecciones intermedias y presidenciales pueden cambiar las cosas y una vez con Trump fuera de la Casa Blanca “creo que todo comenzará a fluir como en años anteriores”. Yo no comparto su optimismo, y solo asiento y agradezco la charla.
Del interior de las trailas siguen saliendo lamentos que reclaman por la alicaída economía y la escalada de los precios. Alicia originaria de la Heroica Ciudad de Huajuapan de León, Oaxaca se arranca con la cascada de plañidos: la caja de carne de puerco con 30 libros subió de 60 a 85 dólares, “todas las carnes están por los cielos”. Hasta los horarios se han visto afectados, ahora cierran a medio día porque viene poca gente a comer. Se junta todo: “poco trabajo, poco salario y las redadas del ICE que el mes pasado vinieron tres veces al supermercado Fiesta y se llevaron a varios aquí en el molinito de agua cuando vinieron a llenar sus garrafones”.
Son días del Houston Livestock Show and Rodeo 2026, el evento en su tipo más grande de Estados Unidos y con casi un siglo de historia desde su inicio en 1931. La danza de los millones así lo refiere. Del 2 al 22 de marzo recibió 2.6 millones de personas en el NRG Stadium y las instalaciones a su alrededor incluyendo los visitantes al Concurso Mundial de Campeonato de Barbacoa, celebrado del 26 al 28 de febrero. Zinger, el novillo campeón absoluto del mercado juvenil de este año fue subastado y vendido por 1.5 millones de dólares superando el récord de venta de un novillo de 1 millón de dólares establecido en 2022 y repetido en 2024. Las ventas totales de las subastas juveniles superaron los 35 millones de dólares.

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Los ríos de gente no se detienen para llegar rápidamente a los juegos mecánicos y después pasar a consumir cerveza y todo tipo de alimentos, los pasillos se vuelven insuficientes, pero todos caminan en orden. Algunas mujeres con reducidos atuendos no se imaginan que al día siguiente la autoridad del rodeo declarará un código de vestimenta a partir del lunes 16 les prohibirá la entrada.
El domingo 15 el concierto estuvo a cargo de Pepe Aguilar. Muchos latinos en general, pero más mexicanos, con mayor reserva hay gringos. Antes del concierto aparecen las suertes del rodeo, a saber: caballo con pretal, el jinete se coloca a la mitad del lomo de un caballo de reparo y debe permanecer sobre él mínimo ocho segundos sin ayuda de la silla, riendas o estribos; caballos con montura, la suerte clásica. El jinete sale al ruedo montando su caballo únicamente con una mano; jineteo de toros es la disciplina estrella la más peligrosa y espectacular, el jinete debe permanecer ocho segundos sobre el lomo del toro, sujetado con una mano en un asa en forma de ojal; lazo por pareja, es el único de todo el rodeo en el que dos jinetes concursan en conjunto: el cabecero y el pialador. Cada uno tiene su propio papel. El primero debe lazar los cuernos del novillo mientras cabalga a la izquierda; en tanto, el segundo, laza las dos patas traseras del animal una vez que su compañero haya realizado la primera tarea; lazo de becerro, el jinete debe bajarse de su caballo para derribar al animal de 140 kilos, juntar tres patas y amarrarlas con una cuerda de dos metros. Carrera de barriles donde participan mujeres a contrarreloj para recorrer los tres barriles colocados estratégicamente en la arena, haciendo un recorrido imaginario en forma de trébol. Remataron carreras de carretas y niños de 10 años arriba de unas borregas. Además del rodeo se presenta la final del concurso de mariachis y suena con fuerza “El Rey”, “Volver volver” de José Alfredo Jímenez, el “Noa noa” del divo de Juárez y todo el graderío entonan las canciones. Con aplausos del respetable se eligió al mariachi ganador que era de San Antonio, Texas. La ola en las gradas y los juegos pirotécnicos dan paso a Pepe Aguilar. El escenario móvil ya estaba colocado en el centro del campo. Salió montado en un caballo blanco y cantando “El Gavilancillo”, “Puro México” gritaba desde su montura enfundado en un traje negó con herrajes y botonadura dorada y corbatín blanco. Se siguió con “Por una mujer bonita” que fue el pretexto perfecto para que quien estaba a mi lado le cantaba a su compañera. En tanto el caballo de Pepe bailaba al mando del jinete zacatecano. Uno de los momentos más emocionantes fue cuando cantó “La vida no vale nada”. Así, al ritmo de las melodías populares mexicanas deleitó noventa minutos a los miles de asistentes.
El domingo 22 en la clausura del evento se presentó Cody Johnson con una asistencia de 80 mil 203 espectadores en el NRG Stadium para superar la asistencia para un concierto establecido por George Strait en 2019. Chris Boleman, presidente y director ejecutivo del Houston Livestock Show and Rodeo informó que en 2024 el rodeo generó una derrama económica de 597 millones de dólares y que este año esperaban generar mayores ingresos.

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Lejos del rodeo siguen sonando las voces migrantes. Para Miguel Figueroa de Calvillo, Aguascalientes quien tiene dos trabajos uno como quiropráctico y otro rentando bodegas en storage facility la mejor estrategia es: “let go and let god”, suelta y deja que Dios te deje ir. Lo mejor que puedo hacer, dice entre los pasillos del SAM´s, es no enfocarme en los precios altos, “me sirve más fluir y no quejarme”. Según el hidrocálido de cuarenta años de edad y asentado en Houston hace más de 25 años, los pensamientos negativos atraen cosas negativas y eso solo “te contamina”, me dice, al tiempo que echa en su carrito unas pizzas para la “noche de películas”, pues termina muy cansado de sus dos empleos. Sabe que las cosas no se pondrán bien con la guerra en Irán, pero como “me considero una persona espiritual, no religiosa, confío en Dios y él siempre me va a proveer de alguna manera, mientras yo me enfoco en mi trabajo”. Y me cuestiona: “¿no lo crees así?”. Solo guardé silencio.
Paco, de Apatzingán, Michoacán está convencido que en las próximas elecciones la gente ya no votará por los republicanos. “Mientras pasa el camión te cuento porque”, se escucha muy seguro de lo que dirán. Su tesis es que, en Texas, aunque es republicano, no quieren mucho a Donald Trump y si eso pasa “aquí imagínate en otros estados. En serio están preocupados”. Electoralmente el pensamiento de Paco se vuelve una espada de Damocles sobre los republicanos en la antesala del 3 de noviembre.
Por si la alicaída economía no fuera suficiente, En el segundo mandato de Donald Trump las detenciones de migrantes latinos sin antecedentes penales han aumentado seis veces en comparación con el último año del gobierno de Joe Biden,
los ingresos mensuales a centros de detención de latinos sin antecedentes pasaron de alrededor de 900 durante el último año de la administración anterior a cerca de 6 mil en los primeros meses del nuevo gobierno, según la Universidad de California. El informe del Transactional Records Access Clearinghouse (TRAC), de la Universidad de Syracuse, señala que en los primeros meses de 2026 solo 2 por ciento de los casos resueltos por las cortes migratorias corresponden a extranjeros con antecedentes penales. Debo decir que la policía de Houston no ayuda a los agentes del ICE, me dicen que ahora cuando detienen a un migrante les dan 30 minutos para que lleguen por él y si no lo sueltan.
La economía estadunidense no levanta. Va para abajo. El dinero no alcanza. “Trump debería subir la economía y dejar de gastar en la guerra que solo nos deja desgracias”. Ese es el sentir de la población migrante en Houston que por otro lado no deja de trabajar, pero que cada día su esfuerzo rinde menos y las urgencias económicas aumentan. “Por eso te digo que el hambre nos alcanzó”.
















