• Columna de opinión.
  • Escrita por: Eduardo González Velázquez.

El domingo pasado se llevó a cabo la segunda vuelta de la elección presidencial en Colombia. Según los datos que tenemos, el ganador fue el candidato de la derecha radical, Abelardo de la Espriella con un margen de poco menos de 300 mil votos sobre el candidato de la izquierda, Iván Cepeda.

De cara al proceso electoral colombiano, el gobierno de la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo y el partido Morena deben observar críticamente lo sucedido el fin de semana y realizar una profunda reflexión sobre los procesos que antecedieron a la jornada electoral y que influyeron decisivamente en el resultado, con el objetivo de evitar que los grupos de derecha radical encuentren tierra fértil en México y con ello regresen al gobierno.

Para ello, se impone mirar de manera crítica los errores cometidos por la 4T y también la constante embestida de la oposición con apoyo extranjero para descarrilar el proyecto cuatroteista.

Lo primero, es reconocer que si bien, los dos gobiernos federales de la 4T han logrado sacar al menos a 12.6 millones de personas de la pobreza a través de diversas políticas públicas enfocadas en los que menos tienen (Gustavo Petro logró sacar a millones de colombianos de la pobreza con reformas laborales, pensionarias y aumentos al salario mínimo), eso no es una garantía de que la población salga a votar por Morena en cualquier elección. Por el contrario, el partido debe cuidar las formas y los personajes que encumbra para salir a pedir el voto ciudadano que los mantenga en el gobierno. Muchos de los miembros del proyecto 4T se encuentran en él por intereses personalísimos y no por compartir el ideal del proyecto nacional de la cuarta transformación. Bajo esta lógica, no deben perder de vista la viga en el ojo propio concentrándose solamente en la paja del ojo ajeno.

Asimismo, no deben de subestimar la intromisión política y económica por parte del gobierno de Donald Trump en las próximas elecciones federales. Desde la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos el 3 de diciembre pasado con el Corolario Trump quedó establecido con claridad los intereses económicos, políticos y militares de Washington y las estrategias para lograrlo en toda América Latina.

La nueva visión trumpiana sobre América afirma que Estados Unidos abandonó al subcontinente latinoamericano luego de la presidencia de Ronald Reagan al final de la Guerra Fría, y que ahora es “necesario” redoblar esfuerzos para garantizar que América siga siendo para los americanos, es decir para los estadunidenses.

El Corolario Trump deja en claro que la prioridad en los siguientes tres años del jefe de la Oficina Oval será aumentar la presencia militar en la región, apretar a los gobiernos “hostiles” mediante los aranceles y la diplomacia comercial favorable a la Casa Blanca, para ello reforzarán el control militar, portuario y de las rutas comerciales marítimas, además de intervenir en varias naciones para conseguir cambios de gobiernos “hostiles” en la región, y de pilón robar recursos naturales.

Por otro lado, no es extraño mirar que la población vote por quienes la atacan, quienes van contra sus intereses y los desprecian cotidianamente. Parece difícil de creer, pero así es. De lo contrario, cómo explicar los votos a favor de personajes violentos, misóginos, homofóbicos, violentadores, de los derechos humanos como Trump, Milei, Bukele, Kast y de la Espriella si no es porque a una amplia capa de la sociedad les atrae esas prácticas y discursos.

De cara a esta realidad, se impone con mayor fuerza la necesidad de seguir llevando a cabo una pedagogía política por parte de Morena y del mismo gobierno federal para dejar en claro lo que se está haciendo y desterrar esa falsa idea de que todos los políticos, sin importar el partido al que pertenezcan, son iguales.

A la luz de los últimos resultados electorales en América Latina, es un hecho, que la derecha está siendo sustituida por la derecha radical y que la izquierda está siendo incapaz de mostrar con claridad las profundas diferencias que existen entre las dos visiones de país, y sobre todo, que los proyectos de nación de la derecha radical no atienden a las necesidades de la población, sino a las ambiciones de un pequeño grupo de potentados que insisten en seguir saqueando a las naciones donde la población los coloca en el poder.