- Columna de opinión.
- Escrita por: Eduardo González Velázquez.
Desde los presidentes estadunidenses James K. Polk, Woodrow Wilson (los dos primeros nos invadieron) y Franklin D. Roosevelt el gobierno mexicano no se había visto expuesto a tantas presiones como lo ha sido la administración de Claudia Sheinbaum Pardo frente a Donald Trump.
La razón fundamental se debe a que desde Manuel Ávila Camacho hasta Enrique Peña Nieto las posiciones de los presidentes de México fueron no solo de condescendencia casi total frente a los mandatos de la Casa Blanca, llegando incluso, ha tener a Díaz Ordaz y a Luis Echeverría como colaboradores directos de la CIA en nuestro país, sino de una disposición a ejecutar a pie juntillas lo ordenado desde la Oficina Oval.
Sin embargo, a partir de la llegada de la 4T bajo la presidencia de Andrés Manuel López Obrado las cosas comenzaron a cambiar porque Palacio Nacional inició una nueva manera de relacionarse con Washington, si bien, no es un enfrentamiento abierto y violento en todos los ámbitos, la 4T sí le ha puesto cara a varias de las amenazas de la Oficina Oval. Es cierto que a López Obrador le tocó solo dos años de Trump y con Joe Biden las cosas fueron más tersas, pero a Scheinbaum Pardo le ha tocado dos años con un Trump recargado y más agresivo, y además le faltan dos de presidencia.
A querer o no, los dos primeros años de gobierno claudista han estado marcados por la presión incesante de Donald Trump, lo cual ha obligado al gobierno de la 4T a utilizar recursos económicos y talento humano para salir al paso de las presiones y exigencias de la Casa Blanca.
El motivo de fondo de la presión ejercida por Trump responde a que, por primera vez desde el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río, existe al sur del río Bravo un proyecto de nación que no obedece a rajatabla, como en el pasado, las órdenes de Estados Unidos, y por el contrario plantea un gobierno progresista de izquierda que poco a poco le ha ido poniendo límites a las bravuconadas de Trump.
Para realizar un balance de los primeros dos años del gobierno de Claudia Schimbaum se impone colocar en la balanza las constantes amenazas y agresiones del republicano sobre nuestro país. A querer o no, resulta complejo mirar las presencias y las ausencias claudistas solo con la lupa puesta en nuestro territorio, es imprescindible mirar allende nuestras fronteras para comprender de mejor manera las acciones del gobierno de la 4T.
Establecer un proyecto de nación menos centrado en los designios de Washington y más mirando hacia las necesidades y prioridades propias de nuestro país es lo que tiene a Donald Trump y sus halcones con la mirada puesta en la 4T pensando en todo momento la manera de descarrilar el proyecto cuatroteista. Para ello el republicano ha encontrado en México un gran apoyo por parte de la oposición panista y priista que con sus acciones no hacen otra cosa que recordarnos la política entreguista y a favor de la injerencia e intervención extranjera que llevaron a cabo los conservadores mexicanos en el siglo XIX.
El mensaje de la presidenta el sábado pasado dejó en claro que la soberanía de México radica en el pueblo y que en ninguna circunstancia permitiremos la intervención de cualquier nación en los destinos de nuestro país.
Que así sea.


















