• Columna de opinión.
  • Escrita por: Eduardo González Velázquez.

Los cipayos fueron llamados a reunirse en torno de su amo. Al tronar de los dedos prestos corrieron a Doral, Florida para que Donald Trump les dorara la píldora de que son los líderes de sus países y confía en ellos para sacar adelante sus sueños de dominación continental envueltos en la bandera de la lucha contra el narcotráfico. Nadie chistó. Todos asentaron. Todos se cuadraron a pie juntillas. Todos firmaron la “Carta de Doral”.

A la reunión de derechas y ultraderechas alineadas a los mandatos del inquilino de la Casa Blanca fueron once mandatarios latinoamericanos y del Caribe, a saber: Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Costa Rica, Rodrigo Chaves; República Dominicana, Luis Abidaner –quien era anfitrión de la cancelada Cumbre de las Américas–; Ecuador, Daniel Noboa; El Salvador, Nayib Bukele; Guyana, Irfaan Ali; Honduras, Nasry Asfura; Panamá, Javier Mulino; Paraguay, Santiago Peña, y Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, junto con el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, quien asumió la presidencia este 11 de marzo.

El tamaño de la representación de quienes fueron al campo de golf de Florida en términos poblacionales es de 143.6 millones de habitantes, con un PIB combinado de 1.62 billones de dólares y un territorio de 5’854,216 km2. No olvidemos que en la primera Cumbre de las Américas que fue organizada por Richard Feinberg en 1994 participaron 34 naciones. Hoy, uno de los sueños trumpianos es enterrar para siempre esa Cumbre y sustituirla con el Escudo de las Américas.

El objetivo de la reunión fue proclamar la guerra hemisférica contra el narcotráfico. El presidente, Trump Indicó que Washington encabezaría las acciones militares para acaban con los cárteles de la droga latinoamericanos, nada de destruir los cárteles locales, a los asentados en Estados Unidos no se les tocará ni con el pétalo de una invasión, no obstante, que al menos la mitad del ciclo criminal relacionado con las drogas se genera en la Unión Ameriana ya sea por el altísimo consumo de drogas o por el constante flujo de armas desde Estados Unidos para los grupos delincuenciales en América Latina. Lejos de eso, Trump lanzó la “coalición americana anticárteles” con lo cual miró la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Como si estuviéramos escuchando un discurso del dictador argentino, Jorge Rafael Videla, Trump afirmó que “los países que estaban participando enfrentan un desafío: si sus naciones serán y permanecerán como naciones occidentales, naciones cristianas bajo Dios”. Que locura.

La demencia no terminó ahí. Asistimos triste y peligrosamente a una profunda muestra del colonialismo mental ejercido por Estados Unidos sobre varios mandatarios latinoamericanos. Bien lo dijo el presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel: la reunión fue reaccionaria y neocolonial aceptada por los mandatarios asistentes. La joya que remató esta situación la dio Javier Milei, quién si no. Al tomar la palabra el presidente argentino pidió disculpas por hablar en español.

Frente a todo ello, la dignidad latinoamericana salió al quite con México, Brasil, Colombia y Cuba.