- Columna de opinión.
- Escrita por: Eduardo González Velázquez.
En muchas ocasiones la sociedad civil suele preguntarse “¿qué podemos hacer para cambiar el orden de las cosas?”. Ante la falta de respuestas se lamenta de los gobiernos que suelen mirar por sus intereses antes de buscar el bien común.
Tras la agresión conjunta contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel y la complacencia por omisión o comisión de los gobiernos varios y los organismos internacionales, no tengo duda que las acciones para detener las guerras iniciadas por Donald Trump se encuentran en la sociedad civil, en la población estadunidense en primer lugar y en la comunidad global después.
A estas alturas, luego de que un convicto se apoltronó en la Oficina Oval, pensar en recurrir al derecho internacional para detener sus locuras bélicas suena irrisible. Lleva más de un año violando las normas de convivencia legales construidas por décadas dentro y fuera de su país, ordenando ataques a siete naciones y permitiendo el genocidio de Benjamín Netanyahu sobre la población gazatí en Palestina, como para suponer que la ilegalidad de sus acciones o el recuerdo de su promesa de campaña de detener las guerras existentes lo harán detenerse.
En el ataque a Irán vuelve a ser el petróleo y el control de la ruta del estrecho de Ormuz por la que pasa 20 por ciento del crudo mundial el motor de la barbarie. La República Islámica produce alrededor de 3.3 millones de barriles de petróleo al día, es el cuarto mayor productor de la OPEP. En su búsqueda por cambiar el régimen político que favorezca los intereses de la Casa Blanca, Trump imaginó que la ruta sería breve y sencilla y el pueblo se levantaría contra el régimen iraní. Nada de eso pasó. Al contrario, la respuesta ha sido responder al ataque estadunidense en Israel y en las bases norteamericanas en Qatar, Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Jordania.
Estoy cierto que la Junta de Paz de Trump no pasa por Irán, que el premio de la Paz otorgado por la FIFA es de utilería y el Nobel de la Paz obtenido a tras mano a través de María Corina Machado duerme el sueño de los justos en el bote de la basura.
En medio de lo que se encamina a ser una guerra regional de alta intensidad, se impone recordar lo dicho por el historiador Howard Zinn: “Todas las guerras son guerras contra civiles y por lo tanto inherentemente inmorales”.
La sociedad civil, y nadie más, será quien le ponga un alto a Donald Trump. De lo contrario nuestro silencio será parte de la masacre.

















