- Columna de opinión.
- Escrita por: Eduardo González Velázquez.
El secretario de Estado, Marco Rubio habló en la Conferencia Anual de Seguridad de Múnich, Alemania y dejó en claro que no solo se trata de “América para los americanos”, sino también de “Europa para los americanos”. Dibujó claramente la hoja de ruta de Washington para el porvenir político, económico y militar del planeta. Sin ruborizarse llegó a Alemania a ejercer la “ley del azadón”.
Frente a sus decires los líderes europeos se cruzaban miradas, imaginaban el futuro y reflexionaban sobre las respuestas que darían al jefe de la política exterior estadunidense. Las voces del viejo continente no fueron homogéneas, las reacciones se caracterizaron por la variedad frente a la promesa-amenaza estadunidense de “lo mejor es que sigamos unidos, pero bajo mis reglas”.
Llamó la atención que proyectaran una nueva OTAN dentro de la Unión Europea y la necesidad de un paraguas nuclear fuera del control de Washington. Bajo esa lógica, el canciller alemán Friedrich Merz no titubeó para aludir a un futuro de gran competencia entre potencias como Estados Unidos y China, donde la OTAN se significa como una “ventaja competitiva de Europa, y también una ventaja competitiva de Estados Unidos”. Es decir, Europa y Estados Unidos se necesitan mutuamente.
Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que “Europa tiene que convertirse en una potencia geopolítica que pueda reducir el riesgo frente a todas las grandes potencias y ser mucho más independientes”.
Ante los comentarios de Alemania y Francia, Marco Rubio dejó en claro el mensaje de Donald Trump acerca de que Europa enfrenta amenazas de “borramiento de la civilización”, y que su única salida es aceptar las condiciones de la Casa Blanca para asegurar su protección, paradójicamente les dijo que tenían derecho a protegerse de sus enemigos, siempre y cuando no lo hicieran de Estados Unidos. Para suavizar el mensaje remató diciendo que “no necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones globales del viejo orden que construimos juntos”, pero ese “orden” debe de reconstruirse”.
Al final del día, la Conferencia Anual de Seguridad se tonó en un espacio utilizado por Washington para dejar muy claro que las reglas del “nuevo orden” internacional serán dictadas por la Casa Blanca y que, si el viejo continente quiere seguir gozando de la “protección” de las barras y las estrellas, tendrá que bailar al son que toquen. Todo ello, se aderezó con el viejo cuento de la inminente invasión rusa a Europa.
No deja de llamar la atención que a estas alturas y luego de grandes embustes históricos por parte de Estados Unidos, los mandatarios europeos sigan consumiendo y creyéndose el cuento de la amistad y protección estadunidense.
Nada más alejado de ello. Al tiempo.

















