El futuro de la industria automotriz en Norteamérica enfrenta un momento crítico. Fabricantes extranjeros han lanzado una advertencia contundente al gobierno de Donald Trump: si el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no se renueva o se diluye, los modelos de automóviles más económicos podrían desaparecer del mercado estadounidense.
Según un reporte del Wall Street Journal, asesores económicos de la Casa Blanca han recibido comunicaciones de diversas firmas automotrices señalando que, sin el marco arancelario del tratado, sería financieramente inviable producir y vender vehículos de bajo costo en territorio estadounidense.
El peso de los aranceles
La principal preocupación radica en los aranceles del 25% que Trump impuso el año pasado alegando motivos de “seguridad nacional” a las exportaciones de autos desde México y Canadá. Esta medida rompió con el arancel cero previsto originalmente en el T-MEC, encareciendo drásticamente la cadena de suministros en una economía regional sumamente integrada.
Los fabricantes insisten en que para mantener los precios accesibles al consumidor, es vital que una versión renovada del acuerdo:
- Elimine los aranceles actuales sobre vehículos y autopartes.
- Garantice la certidumbre jurídica para las inversiones multianuales.
- Mantenga la integración logística de la zona norte del continente.
Una revisión decisiva
La industria automotriz global ha instado a la administración de Trump a prorrogar el acuerdo, el cual será sometido a una revisión formal este mismo año. Mientras que para el mandatario estadounidense el T-MEC fue en 2020 “el mejor acuerdo de la historia”, su política arancelaria reciente ha puesto en jaque la competitividad del sector.
Por su parte, México y Canadá ven en esta revisión la única vía para aliviar las dificultades económicas que han enfrentado sus industrias manufactureras desde la imposición de los aranceles extraordinarios.
Si las negociaciones no llegan a buen puerto, el impacto no solo se sentirá en las plantas de ensamblaje, sino en el bolsillo de los ciudadanos estadounidenses, quienes verían reducida la oferta de autos compactos y económicos ante los elevados costos de importación y producción bajo un régimen sin tratado.















