En un movimiento estratégico operado desde Palacio Nacional, Ariadna Montiel Reyes, actual secretaria de Bienestar, se perfila para asumir la presidencia nacional de Morena, sustituyendo a Luisa María Alcalde, según EL PAÍS. Este relevo marca el fin de una etapa caracterizada por el desgaste interno y el inicio de una era de control absoluto por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

De acuerdo con fuentes internas, la decisión responde a la necesidad de la mandataria de “tomar las riendas” del partido ante la desorganización territorial y las disputas locales que amenazaban la unidad rumbo a las elecciones intermedias de 2027.
El fin de la “Era Alcalde” y la salida de López Beltrán
La reconfiguración en la cúpula morenista es profunda y no se limita a la presidencia. El ajuste incluye la salida de Andrés Manuel López Beltrán de la Secretaría de Organización. Su lugar será ocupado por Esthela Damián Peralta, actual jefa de la Consejería Jurídica de la Presidencia y figura de total confianza de Sheinbaum.
Por su parte, Luisa María Alcalde no saldría del esquema gubernamental; se prevé que pueda cubrir la vacante que deja Damián en la Consejería Jurídica, realizando un intercambio de piezas que consolida el control presidencial sobre el aparato partidista.
Operación territorial: El sello de Montiel
La llegada de Montiel no es fortuita. Su perfil como operadora política y su éxito en la administración de programas sociales son las cartas que Sheinbaum considera indispensables para:
- Recuperar el control territorial: Disciplinar a las estructuras que mostraban signos de desgobierno.
- Manejo de padrones: Utilizar su experiencia administrativa para la movilización efectiva.
- Disciplina interna: Frenar las fracturas que Alcalde, según críticas internas, dejó crecer durante su gestión.
Citlalli Hernández y el blindaje para 2027
Para “cerrar la pinza” de esta reestructura, Citlalli Hernández ha sido designada como responsable de alianzas y candidaturas. Su misión será contener las tensiones con el PT y el Partido Verde, evitando que las pugnas por posiciones escalen a una crisis pública que ponga en riesgo la mayoría en el Congreso y las 17 gubernaturas en juego en 2027.
Este “golpe en la mesa” de la presidenta Sheinbaum es leído como una respuesta contundente a la improvisación y desconexión con las bases que marcaron la gestión saliente. Morena entra así en una fase de verticalidad absoluta, donde la operación política y la lealtad directa a la jefa del Ejecutivo serán los ejes rectores de cara al próximo ciclo electoral.
















