• Columna de opinión.
  • Escrita por: Eduardo González Velázquez.
  • @contodoytriques

Un eje central para leer y comprender las prácticas y discursos de Donald Trump hacia afuera de Estados Unidos nos lleva necesariamente a la política doméstica. En este año electoral el nerviosismo del inquilino de la Casa Blanca va creciendo porque al interior de la Unión Americana las cosas no van resultando como él quisiera.

Su popularidad no levanta a consecuencia de que los índices que más le interesan a la población que mejoren no lo están haciendo: el empleo, el costo de la vida, el acceso a la salud, el retorno de capitales estadunidenses, la criminalización hacia los migrantes, la violencia desatada por diversas autoridades contra la población civil, la política arancelaria que le ha cargado el costo a los ciudadanos, la claridad sobre los archivos Epstein.

Todo ello, ha llevado a los republicanos a marcar distancia (aún no tenemos claridad de cuánta) del jefe de la Oficina Oval con miras a las elecciones intermedias de noviembre próximo. Ante esa actitud, Trump les insiste sobre su temor fundado de ser llevado a un tercer juicio político si los Demócratas ganan las dos Cámaras del Congreso. Trump es el único presidente sometido a dos procesos de juicio político en 2019, por abuso de poder por solicitar a funcionarios ucranianos que investigaran a un oponente político y por obstrucción al Congreso por negarse a cooperar con la investigación de la Cámara de Representantes; y en 2021, por incitación a la insurrección por su participación en el ataque al Capitolio el 6 de enero.

Informes recientes detallan que los demócratas de la Cámara de Representantes han presentado varias resoluciones de juicio político, pero ninguna ha cobrado impulso gracias a la mayoría republicana. Sin embargo, según las acciones de algunos republicanos, eso parece no importarles mucho a los correligionarios del presidente.

En ese tinglado doméstico es sobre el cual está montada la política exterior del republicano. Lo que dice y hace frente a naciones consideradas “enemigas” tiene como un filón sustancial el distraer la opinión pública de los asuntos domésticos que al paso de los días comienzan a naufragar.

El ala ejecutiva y legislativa del Partido Republicano ya no parecen estar alineadas. Aunque Trump, su partido y MAGA ganaron todo en 2024, la historia muestra que el partido que gana la presidencia generalmente pierde las elecciones de mitad de período.

En esa lógica, la aritmética electoral empieza a inclinarse en contra del partido Republicano. Durante 2024 y 2025 los números de manera general no beneficiaron a los republicanos. Incluso tuvieron derrotas por un margen de dos dígitos. Lo mismo perdieron en Florida, que, en Nueva York, Virginia, Pensilvania y California, incluso en el área de Nashville, un candidato republicano respaldado por Trump ganó por nueve puntos en un distrito donde el propio Trump había vencido por 22 un año antes.

Otro escenario complicado se desarrolla al interior del Congreso donde la “luna de miel” parece haber terminado. La “indisciplina” republicana comienza a darle golpes a Trump. El jueves 8 de enero, por ejemplo, los republicanos Rand Paul, Lisa Murkowski, Susan Collins, Todd Young y Josh Hawley respaldaron una votación para limitar la capacidad de Trump de emprender nuevas acciones militares en Venezuela sin aprobación del Congreso. Aunque la resolución aún debe pasar la aduana de los Representantes, por supuesto que encendió los focos rojos en la Casa Blanca. Además, varios senadores republicanos constantemente cuestionan las acciones de muchos miembros del gabinete presidencial.

Bajo esta fuerte presión, Donald Trump, el dictador en ciernes no tuvo más remedio que afirmar que nada lo puede detener. “Solo hay una cosa: Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme. No necesito el derecho internacional”.

A no dudar, la presión y el temor de perder las elecciones intermedias está llevando a Donald Trump a incendiar el vecindario global con tal de salir bien librado de las locuras que él mismo ha realizado.