• Columna de opinión.
  • Escrita por: Eduardo González Velázquez.

Fin de semana turbulento. De complicado aterrizaje. Al final, hoy lunes la presidenta de México, Claudia Sheinbaum y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, luego de una conversación de casi una hora, llegaron a un acuerdo para solucionar el encontronazo económico-político-comercial entre ambos países al que estaba llevando sin escrúpulos alguno el republicano.

Primero, se dio el aviso del aumento del 25 por ciento a los aranceles de las mercancías mexicanas llegadas a Estados Unidos a partir del 1 de febrero, además se hizo un señalamiento agresivo e irresponsable para ligar a nuestro gobierno con el narcotráfico; en seguida conocimos la respuesta de México con el aviso de que se tenían varios planes de respuesta que incluirían también aranceles a las mercancías estadunidense que se importaran desde nuestro país.

Además, se exigió que la Casa Blanca reconociera su responsabilidad en el tráfico de armas a México y el consumo de fentanilo en la Unión Americana como un problema de salud pública. Desde luego, en esta respuesta, el gobierno de la República ratificaba que la lucha contra el crimen organizado es una prioridad para nosotros y no se bajaría la guardia.

Luego de los dimes y diretes se alcanzó un acuerdo. Lo que se estableció fue que México refuerce nuestra frontera norte con 10 mil elementos de la Guardia Nacional con el fin de fortalecer aún más la lucha contra el narcotráfico, en particular el tráfico de fentanilo; el compromiso de Estados Unidos de trabajar para evitar el tráfico de armas de alto poder a nuestro país; asimismo ambos gobiernos comenzarán a trabajar desde hoy en mesas de alto nivel en dos vertientes: seguridad y comercio; desde luego se puso en pausa los aranceles por un mes a partir de ahora.

Sería muy reduccionista pensar que el acuerdo alcanzado por los gobiernos de las dos naciones son el resultado de la imposición de Washington sobre México. Por el contrario, es necesario leer con mayor amplitud lo acordado. Por un lado, la presión ejercida desde grupos empresariales, comerciales y representantes políticos, así como de la población en general de la Unión Americana a la imposición de aranceles a las mercancías de nuestro país, dejando de lado la promesa de campaña de Trump que insiste en cumplir (quizá nunca pensaron que lo haría); por otro, la presión hacia los mercados internacionales que necesariamente golpearía a Estados Unidos; la apertura de varios frentes globales que sería muy difícil atender desde la Oficina Oval; la firme respuesta por parte del gobierno de México y el aviso de la imposición de aranceles a las mercancías estadunidenses como acción recíproca a lo impuesto por Trump; el impacto negativo que esto traería a las dos economías y el alto costo que terminaríamos pagando los millones de consumidores en ambos lados de la frontera; y por supuesto, la disposición del gobierno mexicano de fortalecer la lucha contra el crimen organizado.

Así las cosas, el aterrizaje se realizó con mayor calma de la que se esperaba. No obstante, la turbulencia no ha terminado, los cuatro años de Donald Trump en la Casa Blanca implicarán grandes retos para el gobierno de Claudia Sheinbaum, que serán necesario enfrentarlos con inteligencia, unidad y con un ejercicio de gobierno eficiente y honesto.

  • Profesor del Tec de Monterrey.
  • @contodoytriques.