Los trabajadores en México mantienen una de las cargas impositivas más bajas entre las economías desarrolladas. De acuerdo con el informe “Impuestos sobre los salarios 2026” presentado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el país se posiciona como la cuarta nación con la tasa impositiva personal promedio más reducida del bloque.
Durante el 2025, el trabajador promedio en México destinó el 21.7% de su salario bruto al pago del Impuesto sobre la Renta (ISR) y contribuciones a la seguridad social. Esta cifra se sitúa significativamente por debajo del promedio de la OCDE, que cerró el año pasado en un 35.1%.
El panorama global: Incrementos constantes
El informe destaca que, a nivel global, las tasas impositivas efectivas sobre los ingresos laborales han subido por cuarto año consecutivo. Esta tendencia de “presión al alza” afectó a 24 de los 38 países miembros en 2025.
- La tasa más alta: Bélgica encabeza la lista con una carga del 52.5%.
- La tasa más baja: Colombia registró un 0%, debido a que los trabajadores con salario promedio en dicho país no alcanzan los umbrales para pagar impuestos.
- El caso mexicano: Se mantiene en la parte baja de la tabla, ofreciendo una ventaja competitiva en términos de ingreso disponible frente a potencias europeas.
Familias y hogares: El sector más afectado
A pesar de la posición favorable de México, la OCDE advirtió que la carga fiscal aumentó para diversos tipos de hogares. El incremento más severo se registró en las familias de padres o madres solteras con dos hijos, donde la presión fiscal subió en 22 países, alcanzando un promedio de 16.3%.
La carga impositiva personal, definida por la OCDE como la suma del ISR personal más las contribuciones a la seguridad social del empleado sobre el salario bruto, es un indicador clave para medir el bienestar económico y el poder adquisitivo de la fuerza laboral.
Desafíos para el 2026
El reporte sugiere que el aumento generalizado de los impuestos sobre los salarios en la mayoría de los países responde a la necesidad de los gobiernos de estabilizar las finanzas públicas tras periodos de alta inflación. En México, el reto será mantener este nivel de competitividad fiscal sin comprometer la recaudación necesaria para financiar los programas sociales y la infraestructura estratégica del actual gobierno.














