• Columna de opinión.
  • Escrita por: Juan Eduardo López Morales.

El pasado domingo sobre la plancha del zócalo, se llevó a cabo la llamada: “Marcha por la democracia”. Donde miles de personas se dieron cita para participar en la misma. Durante la historia política mexicana esta plaza pública denominada: El zócalo, le ha tocado ser escenario y protagonista de las múltiples manifestaciones y concentraciones que se han llevado a cabo en nuestro país, en favor o en contra de la democracia, como de otros muchos temas.

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Este domingo se dio cita una parte de la sociedad, que se dice inconforme por la serie de reformas que promueve la cuarta transformación y el presidente López Obrador, en vías de buscar modificaciones a diversos artículos de nuestra ya modificada carta magna (constitución), otro grupo son aquellos militantes y simpatizantes que comulgan con las ideas de la candidata presidencial Xóchitl conformada por la coalición: PRI-PAN-PRD.

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Para un país como México es importante tener este tipo de expresiones en las calles, como las marchas porque alientan al debate público, la reflexión, el contraste de ideas, el diálogo siempre que sea respetuoso y sano para seguir construyendo una democracia sana. Lo que no es posible es que se asista a este tipo de ejercicios y no se tenga la más mínima idea de ¿A qué se va? ¿Por qué se asiste? ¿Cuáles son las razones personales por las que se participa? ¿Qué les mueve?, etc.

Lo anterior, lo digo, porque existen vídeos y material audiovisual de la propia marcha, donde los participantes no tienen nociones de conceptos básicos que mencionan y sin embargo utilizan como si realmente conocieran estos términos, los vivieron en carne propia o simplemente saben o conocen el significado de los mismos.

Por ejemplo, llama la atención que mencionan el término: Dictadura, asegurando que estamos viviendo en dictadura y que existe represión. Ojalá esas voces, jamás experimenten lo que simbolizan ambas palabras y pongo el contexto lo siguiente, durante mucho tiempo Argentina y Chile, ambos países sudamericanos, vivieron una de las dictaduras en varías décadas más sangrientas y con muchas desapariciones de por medio, espero algún nunca México, pase por esa situación.

Por otro lado, cuando mencionan la palabra represión, seguramente algunos de los perfiles políticos presentes que estuvieron en la misma, se les borro el cassette de las veces que en funciones y en sus propias administraciones, han sido partícipes y encubridores de violencia y represión en marchas, mítines, huelgas o cualquier acción de participación ciudadana que se pueda realizar, por ejemplo, un 28 de mayo de 2024, en Guadalajara, en la llamada “marcha globalifobica” donde cientos de granaderos, buscaron detener a diestra y siniestra a jóvenes que nos expresamos nuestras inconformidades ante la visita de los jefes de estado en la cumbre de ese año realizada en nuestra ciudad.

Eso sí es represión, eso sí es violencia contra el derecho a la manifestación, y es que no fue fácil salir del centro histórico de la metrópoli para salvaguardar la vida de cada manifestante en esa ocasión. Afortunadamente vivimos para contarlo. En los antecedentes de episodios de represión el ejemplo más claro es en contra de los estudiantes del movimiento estudiantil de 1968.

Definitivamente, todos los que pregonan “Marchar por la democracia”, marchan por cuidar sus intereses y su forma de entender este concepto desde su óptica, lejos de querer realmente marchar por los asuntos que competen a una auténtica democracia que abone al interés general y no solo al interés particular. Por eso nuestra democracia, sigue en una crisis constante.

*El autor es politólogo por la UDG, con posgrado en Diseño de Información y Comunicación Digital. Analista político y docente en la Universidad de Guadalajara.