Investigador, epidemiólogo, académico, subsecretario, rockstar.
Quizá pocos lo saben, pero en su juventud, el ahora Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de la Secretaría de Salud, Hugo López-Gatell perteneció a una banda de la que más tarde saldrían los fundadores de las icónicas Santa Sabina o la Gusana Ciega.
La fama no conseguida por Hugo López Gatell Ramírez en los escenarios del pasado en su banda de rock, la vio llegar casi tres décadas después a principios de marzo del 2020, cuando durante la conferencia mañanera, AMLO lo asignó como “vocero” de las medidas implementadas por el Gobierno de México para enfrentar la contingencia sanitaria del entonces desconocido coronavirus.
Los elogios, reconocimientos, un club de fans, y hasta la portada en una revista de nota rosa, cayeron a los pies del doctor.
Su forma al expresarse, el conocimiento en materia epidemiológica, y sus credenciales académicas, le permitieron abrirse paso para informar sobre lo que aquejaba al país. Desde su púlpito se lanzó contra los medios de comunicación, de quienes dijo tenían una “obsesión” por publicar solo lo negativo de la contingencia del COVID19, o contra la mala alimentación de los mexicanos llena de comida chatarra, frituras y bebidas gaseosas.
El “liderazgo”, seriedad y confianza que mostró al inicio de su desempeño como la cara más visible de las acciones de la administración lopezobradorista en materia de combate a la pandemia lo colocaron en el imaginario mexicano como un hombre casi tan popular como el mismo Andrés Manuel López Obrador. Incluso hubo quien se animó a apostar que en el 2024 podría convertirse en una posible carta presidenciable.
Sin embargo, su habilidad científica, la cambió por una cara más política.
Más allá de las cifras de fallecidos, enfermos, recuperados; escenarios catastróficos, cálculos fríos, semáforos, Jornadas de Susana Distancia, o controversias por el uso de cubrebocas, lo que pretendía ser un ejercicio para transparentar la gestión del Gobierno Mexicano ante la pandemia, terminó por cobrarle factura al más grande defensor de la “Fuerza Moral” del presidente de México.
Su reticencia al uso de cubrebocas, su escapada a la playa, y su contagio de COVID19 fueron su acabose. El incremento de las cifras de COVID19 fueron inversamente proporcionales a la caída de su fama y reconocimiento.
Con una tasa de más de 160 fallecidos por cada 100 mil habitantes, o 234 mil muertos (la cifra oficial al día de hoy) y más de dos millones y medio de contagios, México se convirtió en uno de los países con las peores gestiones del COVID19 en el mundo, detrás de Estados Unidos, la India, Brasil, Perú, entre otros.
Tras casi quince meses de conferencias y haciendo de lado los resultados de la gestión gubernamental, y la entrada de una inminente tercera ola de casos de COVID19 en todo el territorio mexicano, y hasta de las cifras de fallecimientos a causa del virus, que se contabilizan en decenas de miles, el polémico subsecretario se atrevió a despedirse de su ciclo de Conferencias Diarias por COVID19 (poco más de 350 ruedas de prensa) con Mariachi, flores, urras y hasta un pastel. Toda una fiesta. La acción fue condenada, incluso por miembros de la 4T como el diputado federal Sergio Mayer quien le pidió al funcionario “tener tantita madre”.
Y si eso no fuera poco, la “gota que derramó el vaso” fueron las declaraciones que hizo para Chamuco TV, en las que dijo que los ataques de los padres de familia de los niños con cáncer y la falta de medicinas oncológicas, tenían detrás una narrativa golpista hacia la administración de López Obrador.
En defensa de López-Gatell
Con todo, el presidente López Obrador, ha defendido el desempeño de López Gatell describiéndolo como un funcionario ejemplar.
“Le tocó a él enfrentar las situaciones más difíciles, la incomprensión de nuestros adversarios, resistió provocaciones de todo tipo y salió adelante y estamos muy contentos con su trabajo, su desempeño para conducir este proceso y salir adelante”, dijo el presidente.
También sus defensores han dicho que el subsecretario tuvo que abrirse paso en medio de un heredado sistema de salud en crisis.
















