Con todo y la regular crítica que suele existir contra quien detenta el poder público, en México suele mostrarse por parte de la ciudadanía, en términos generales, bastante consideración hacia las opiniones del Presidente de la República (para bien o para mal y por las razones que sean).
En la conferencia de prensa matutina del pasado viernes, el titular del ejecutivo federal hizo alusión a un conocido sketch publicado el día inmediato anterior, ambientado tecnológicamente de forma impecable, precisamente, en la sede de dichas conferencias.
En ese sketch, el alter ego de Víctor Trujillo, “Brozo”, y Carlos Loret de Mola, realizan una amplia serie de críticas a la actuación presidencial, con la particularidad de que dichas críticas se emiten en el contexto del recinto mismo, lo cual, al momento en que escribo estas líneas, sigue generando múltiples comentarios, sobre todo aplaudiendo la genialidad del material.
Dentro del amplio caudal de comentarios que hacen ambos personajes (el video es extenso), para efecto de estas líneas tomo como punto de partida el siguiente:
“Imaginate qué maravilla sería este ejercicio llevado a los mejores niveles, a las mejores alturas … primero, solo con periodistas de verdad. Que los hay por ahí. Pero… también sabes que no los hay. Y que el presidente contestara”.
En el comentario anterior se hacía referencia al ejercicio de rendición de cuentas que debería representar la cotidiana conferencia de prensa presidencial. De ahí que se diga “imagínate”, pues para los protagonistas del video es obvio que las conferencias de prensa aludidas para nada son un ejercicio de rendición de cuentas pues, en principio, se contamina el intercambio de preguntas y respuestas con motivo de la duda respecto al profesionalismo de algunos de los sedicentes periodistas que asisten a ellas.
La reacción no se hizo esperar. Frente a lo anterior, entre los múltiples comentarios emitió el ejecutivo federal al día siguiente sobre el contenido de dicho sketch, uno de ellos estuvo relacionado con la transparencia. El comentario fue el siguiente:
“Que Brozo y Loret de Mola, nos digan quien ’pompó‘, cómo producen su programa, qué fuentes de financiamiento tienen, si le pagan a Twitter, a Facebook para difundir su programa, que todos podamos transparentar los ingresos que tenemos…”.
Como es costumbre presidencial, se utilizó parte del lenguaje coloquial mexicano en su declaración. Penosamente, así como escuché a personas decir que votaron por Enrique Peña Nieto por ser muy atractivo físicamente, he escuchado a personas decir que votaron por el actual presidente por ser un “viejito muy simpático”.
Estoy seguro que este tipo de declaraciones, para muchos, lo hacen “carismático”.
En el fondo, deberían causar alarma.
Con ese comentario, desde su posición privilegiada, el presidente se gasta un lujo que no le es permitido.
En primer lugar, cuestiona las fuentes de financiamiento de un producto privado. Para un servidor, eso por sí solo es un acto de molestia que, al menos de entrada, no tiene fundamento alguno. De los prohibidos por el artículo 16 Constitucional.
En segundo lugar, se involucra el término “transparencia” de forma confusa, dando a entender que la información que esos personajes deberían dar con respecto al financiamiento del material, abona a la transparencia, pero agravado porque se inmiscuye en una labor que, de antemano, sea o no simpatizante de los involucrados, es de corte periodístico.
Es importante saber que ciertos vocablos, aun cuando son propios del derecho, pudieran tener implicaciones distintas según la legislación y la materia en que se empleen. Por ejemplo, es muy diferente el secuestro de bienes al secuestro de una persona.
Con la transparencia no hay pierde: en cualquier ámbito de la legislación mexicana que se emplee denota una obligación de la autoridad, en términos generales.
Así, parafraseando al presidente, únicamente los ciudadanos tenemos derecho a dirigir al poder público ese “quien pompó” y muchos otros cuestionamientos más relacionados con su actuación, en los distintos ámbitos de gobierno.
¿Qué hace un presidente preocupado por saber quién financia un sketch, por más que se haya elaborado para criticarle? Muestra mucha preocupación, pero no por la transparencia.
En mi pasada entrega del 24 de agosto de 2020, expliqué que generar una cultura de la transparencia es una obligación que recae en la autoridad, pues finalmente es a quien le corresponde hacer pública la información relacionada con el cumplimiento de sus obligaciones.
En tal sentido, además de la creciente alarma que debería causar el uso de la investidura presidencial para hacer cuestionamientos a particulares sin fundamento alguno, no se extrañe usted si esa cultura de la transparencia sigue siendo un gran pendiente de las autoridades mexicanas.
Con ejemplos como el que le acabo de relatar en donde la propia figura presidencial es quien, a su conveniencia, distorsiona ese concepto, parece que la transparencia es lo que sea que le convenga a quien utilice ese concepto.
En mi siguiente entrega, relacionado con lo que le platiqué hoy, le hablaré de otro caso que recordé en el que la transparencia fue un concepto utilizado impropiamente.
* El autor es licenciado en derecho y maestro en transparencia y protección de datos
personales. Actualmente se desempeña en el Poder Judicial de la Federación. Ha sido
Director de Colaboración y Programas Interinstitucionales con las Entidades
Federativas en el INAI y Director de Enlace Legislativo en SETEC, entre otros cargos.
















