Lo que durante décadas fue un “secreto a voces” en la política mexicana finalmente ha sido confirmado: el expresidente Carlos Salinas de Gortari y el excandidato presidencial Francisco Labastida Ochoa admitieron públicamente que recursos del gobierno federal fueron utilizados para favorecer campañas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), particularmente en las elecciones de 1994 y 2012.
Las revelaciones aparecen en el documental “PRI: crónica del fin”, donde ambos exdirigentes reconocen prácticas que, durante años, fueron negadas oficialmente.
Salinas de Gortari narró cómo su administración reaccionó al inesperado ascenso del candidato panista Diego Fernández de Cevallos tras el histórico debate presidencial frente a Ernesto Zedillo y Cuauhtémoc Cárdenas.
“Ante la gran capacidad de comunicación de Cevallos, si la elección hubiera sido unos días después, había grandes posibilidades de perder la presidencia”, dijo Salinas.
Frente a este escenario, el entonces mandatario reconoció sin ambigüedades la intervención directa del aparato gubernamental:
“Y lo que hicimos fue volcar la tarea del gobierno a favor del candidato del PRI y yo incluso, personalmente, le expresé al candidato Zedillo: aprópiate de los propios programas del gobierno”.
Este testimonio representa una admisión inédita del uso electoral de recursos públicos para asegurar la continuidad del PRI en el poder, marcando un punto de inflexión en la historia política reciente del país.
Por su parte, Francisco Labastida también confirmó que en 2012, año en que Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia, existió una estrategia similar para fortalecer la campaña priista con apoyo institucional.
Estas declaraciones reavivan el debate sobre la legitimidad de los procesos electorales en México y la utilización del Estado como herramienta política. Además, podrían tener repercusiones en la memoria histórica y en las narrativas sobre el fin de la hegemonía priista.
El documental ya ha generado una intensa discusión pública y política, al colocar sobre la mesa una confesión directa de prácticas que marcaron décadas de la vida democrática mexicana.
















