En su primera entrevista tras ser elegido como el primer Papa estadounidense en la historia, León XIV dejó claro que no pretende involucrarse en la política de Estados Unidos, aunque sí intervendrá en debates globales que afectan directamente a la Iglesia Católica: la inmigración, la crisis de abusos sexuales del clero y el papel de las mujeres en la institución.
La conversación, concedida a Elise Ann Allen, corresponsal del portal especializado Crux, fue publicada este jueves en paralelo con una nueva biografía del pontífice lanzada en Perú, país donde León se desempeñó durante varios años como obispo antes de su llegada al Vaticano.
La inmigración, un tema prioritario
El Papa reconoció la influencia de su país natal en el escenario internacional y señaló la migración como un desafío central para la Iglesia. Recordó la carta en la que su antecesor, Francisco, criticó los planes de deportación masiva de la administración de Donald Trump, cuestionando incluso los argumentos teológicos defendidos por el vicepresidente J. D. Vance.
“Hablé sobre la dignidad humana y lo importante que es para todas las personas, donde sea que nazcan, y con suerte, para encontrar formas de respetar a los seres humanos en las políticas y decisiones que tomamos”, expresó el pontífice.
León XIV enfatizó que no es partidario de Trump y tomó distancia incluso de su propio hermano, Luis Prevost, a quien describió como “un tipo MAGA”.
Iglesia inclusiva, pero sin cambios inmediatos en doctrina
El Papa abrazó la visión inclusiva impulsada por Francisco, reiterando que “todos, todos, todos” son bienvenidos en la Iglesia. Sin embargo, advirtió que es “muy improbable” que en el corto plazo se produzcan cambios doctrinales sobre temas como la sexualidad.
“Todos están invitados, pero no invito a nadie por su identidad específica. Invito a alguien porque es hijo o hija de Dios”, subrayó.
Añadió que, antes de pensar en modificaciones en la doctrina, es indispensable un cambio de actitud y mentalidad dentro de la Iglesia.


















