- Columna de opinión.
- Escrita por: Eduardo González Velázquez.
El domingo pasado se celebraron elecciones presidenciales en Bolivia, los resultados indican dos cosas: los candidatos de la derecha, el senador Rodrigo Paz Pereira y el expresidente Jorge Tuto Quiroga Ramírez, disputarán el poder Ejecutivo en una segunda vuelta el 19 de octubre al no obtener ningún candidato más de 40 por ciento de los votos con una ventaja de 10 puntos porcentuales; y la izquierda en el poder a través del Movimiento al Socialismo (MAS) tuvo su peor derrota en 20 años con su candidato, Eduardo del Castillo.
De la jornada electoral podemos sacar dos grandes reflexiones, una de ellas sobre las razones que hay detrás de la derrota de la izquierda y el regreso de la derecha; y la otro, sobre México y la Cuarta Transformación morenista.
Resulta evidente que la garantía para la permanencia de un proyecto político radica no solamente en quienes lo fundan y llegan al poder, sino en quienes se confía para continuarlo. Es aquí donde se encuentran las raíces de la catástrofe electoral de la izquierda en Bolivia.
A pesar del logro alcanzado en los gobiernos de Evo Morales donde se sacó de la pobreza a 3 millones de bolivianos, se triplicó el Producto Interno Bruto y redujo la desigualdad, según el coeficiente de Gini, de 0.60 a 0.47; su sucesor dejado en el poder por Morales, Luis Arce echó todo por la borda. Las encarnizadas luchas intestinas en el MAS terminaron por lapidar los construido en las presidencias de Evo.
En esta tierra fértil la derecha conservadora cristiana supo cultivar las condiciones necesarias para su regreso al poder de la mano de un voto joven cansado de las difíciles condiciones económicas y las luchas entre Arce y Morales.
Rodrigo Paz Pereira del Partido Demócrata Cristiano, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, obtuvo 32 por ciento de los sufragios, y el exmandatario interino, Jorge Quiroga Ramírez de la coalición Alianza Libre logró casi 27 por ciento de los votos. Andrónico Rodríguez y Eduardo del Castillo, los dos candidatos presidenciales surgidos del fracturado MAS, apenas consiguieron entre los dos 11 por ciento de los votos. Los bolivianos también eligieron 26 senadores y 130 diputados del Congreso. Será la primera vez en el país sudamericano que se efectúa una segunda ronda. También fue la primera vez desde 2002 que Evo Morales o un candidato respaldado por él no apareció en la boleta electoral.
Suponer que el respaldo de las mayorías al proyecto de izquierda fundado por Evo sería infinito y que las luchas al interior de MAS no debilitarían la fortaleza del gobierno, así como minimizar la severa crisis económica, política y energética derivada del golpe de Estado de 2019 apoyado por la Organización de Estados Americanos con el objetivo de evitar una cuarta presidencia de Evo Morales, y profundizar el distanciamiento de las bases sociales que llevaron a MAS al poder, terminaron por hacer las veces de catapulta que lanzaron fuera de la Casa Grande del Pueblo al movimiento fundado por Morales hace más de dos décadas.
La segunda reflexión tiene que ver con México y el gobierno morenista de la Cuarta Transformación. El mensaje es claro y suena fuerte, en la medida que el movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador insista en ver el apoyo electoral como un cheque en blanco y decida no atajar como se debe los actos de corrupción, oportunismo y abuso del poder por parte de algunos miembros del movimiento, más temprano que tarde la ciudadanía se los cobrará sacándolos de Palacio Nacional.
- Profesor del Tec de Monterrey.
- @contodoytriques


















