Con 105 votos a favor, 16 en contra y una abstención, el Pleno del Senado de la República aprobó la Estrategia Nacional de Seguridad propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con el objetivo de combatir la inseguridad y fortalecer el Estado de derecho en todo el país.
La aprobación contó con el respaldo de bancadas opositoras como el PAN y Movimiento Ciudadano (MC), que ofrecieron un voto de confianza al considerar que el nuevo enfoque de seguridad incluye elementos innovadores para hacer frente al crimen organizado. La votación se llevó a cabo tras la comparecencia del titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, ante comisiones del Senado.
“Se trata de una estrategia distinta, con énfasis en inteligencia, coordinación y presencia territorial. Debemos dar herramientas al gobierno para frenar la violencia”, señaló el senador panista Francisco Javier Ramírez Acuña durante el debate legislativo.
PRI y parte del PAN votan en contra
Pese al respaldo mayoritario, la estrategia no fue aprobada de manera unánime. El PRI votó en bloque en contra, argumentando que la propuesta mantiene la militarización del país y carece de un verdadero enfoque civil para garantizar la paz.
“Este gobierno sigue protegiendo a los delincuentes. México necesita una estrategia seria, no una continuidad maquillada”, expresó el senador priista Néstor Camarillo.
Además, algunos senadores del PAN, como Marko Cortés y Lilly Téllez, también votaron en contra, al considerar que la estrategia no representa un cambio real respecto a administraciones anteriores.
Un nuevo enfoque, pero con críticas
La estrategia presentada por el gobierno de Sheinbaum —y defendida por García Harfuch— prioriza el trabajo coordinado entre fuerzas federales, estatales y municipales, el uso de inteligencia contra las estructuras criminales, y un enfoque integral que contempla prevención, desarrollo social y fortalecimiento de la justicia.
No obstante, sectores críticos insisten en que la permanencia del Ejército en tareas de seguridad y la falta de reformas profundas en los cuerpos policiales civiles siguen siendo puntos débiles del modelo actual.

















