Nueva crisis migratoria
  • Escrita por: Eduardo González Velázquez

De nueva cuenta comienza a recrudecerse el fenómeno migratorio por nuestro país. En tanto no se mejoren las condiciones de la población en países expulsores de Centroamérica, Sudamérica y El Caribe, esta realidad seguirá presentándose de manera recurrente. Ni siquiera deberíamos de llamarnos a sorpresa. Si las personas no tienen el derecho a no migrar continuarán dejando sus terruños.

Desde la semana pasada la crisis migratoria comenzó a esparcirse por varios escenarios que muestran la multidimensionalidad del fenómeno. Primero fuimos testigos por segunda ocasión en las últimas tres semanas de la avalancha de al menos 5 mil migrantes agolpados en las oficinas de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), en Tapachula, Chiapas para exigir una respuesta a sus peticiones de refugio en México.

La nueva ola migratoria responde, por un lado, a la cancelación por parte del presidente de Estados Unidos, Joe Biden del Título 42 como estrategia de contención migratoria amparada en el contexto de la pandemia de covid19; y por otro al recrudecimiento de las difíciles condiciones de vida en las comunidades expulsoras.

Las cifras que reporta la Comar muestran la magnitud del fenómeno que estamos viviendo en México: ha habido un incremento interanual de 30 por ciento en peticiones de asilo de enero a agosto de 2023, cuando se registró un récord de casi 100 mil solicitudes. Con esa tendencia se podría llegar a 150 mil solicitantes a final del año con lo que se rebasaría la cifra histórica de la última década registrada en 2021 cuando hubo 129 mil peticiones.

Las consecuencias que este flujo migratorio está teniendo no solo cruzan por la incapacidad de atender las solicitudes de asilo en nuestro país, o la garantía de seguridad para los migrantes cuando atraviesan la Frontera Vertical mexicana, también está impactando algunas actividades económicas pues debido a este flujo migratorio Ferromex decidió esta semana detener temporalmente 60 trenes con ruta hacia el norte del país.

No deja de llamar la atención que parte de la “política migratoria” de la 4T sea establecer un acuerdo entre el Instituto Nacional de Migración y Ferromex para que la empresa instale puntos de verificación en lugares como Huehuetoca, Estado de México; Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, Nuevo León, Durango y Chihuahua, para evitar que los migrantes se trepen al lomo de la bestia. Asimismo, en diversas entidades a los migrantes les niegan la venta de boletos, les “exigen ilegalmente requisitos” para la venta de pasajes, les cobran cantidades mayores a las tarifas ordinarias, e incluso se han cerrado terminales de autobuses.

La semana pasada algunos grupos empresariales afirmaron que tenían varadas mercancías por un valor de más de $500 millones de dólares. Incluso, algunas fábricas han comenzado a reducir su producción en el norte del país, y 320 maquiladoras ya analizan parar operaciones en la frontera norte donde la actividad maquiladora representa la mitad de los empleos.

Esta crisis no solo se manifiesta en nuestro territorio, las autoridades de Eagle Pass, Texas, emitieron una declaración de emergencia pues aseguran que suman al menos 11 mil cruces irregulares de los cuales 9 mil migrantes se mantienen en la ciudad texana.

A pesar de las difíciles condiciones de traslado por nuestro territorio, los migrantes no dejan de llega a la frontera sur de Estados Unidos y los agentes de la Patrulla Fronteriza continúan incrementando las detenciones. Durante los primeros 20 días de septiembre reportaron 6 mil 900 detenciones por día, un aumento del 60 por ciento con respecto al promedio diario en julio. Los sectores más concurridos por los migrantes son Del Río, El Paso, el Bajo Valle del Río Grande y Tucson, cada uno de los cuales enfrenta más de 1,000 encuentros cada día.

Asimismo, el gobierno mexicano sigue llevando a cabo la política de deportaciones. En lo que va del 2023, 788 mil 89 migrantes fueron devueltos a sus países de origen, sobre todo de Centroamérica, mientras en el periodo de 2005 a 2010 la cifra sumó 824 mil personas y entre 2010 y 2015, 443 mil.

Finalmente, los albergues a lo largo de la República mexicana están a su máxima capacidad. Faltan recursos, personal e insumos para atender debidamente a los miles de migrantes que diariamente están tocando sus puertas, lo que ha ocasionado que miles de ellos estén viviendo en situación de calle o en construcciones abandonadas.

Urge que los gobiernos involucrados en este fenómeno hagan lo necesario para humanizar el proceso migratorio, de lo contrario la crisis seguirá agudizándose en México y Estados Unidos.

  • Profesor del Tecnológico de Monterrey
  • @contodoytriques