Israel pena de muerte, colonialismo, y violación de Derechos Humanos
  • Francisco Daniel Abundis Mejía
  • RUMBO MX
  • Desorientados

Otra vez la desestabilización en la zona de oriente medio tiene como portavoz al Estado de Israel. Los primeros tres meses del año han sido un vendaval para Tel- Aviv y la Palestina ocupada; primero, por las incursiones de las Fuerzas de Defensa israelí (IDF) al norte de Cisjordania, después por las constantes protestas en las principales urbes del Estado judío; en torno a la comprometida situación política del primer ministro Benjamín Netanyahu.

Las cosas en la tildada como única democracia en oriente medio no andan bien y el pulso político se marca a través de las constantes intervenciones y asesinatos selectivos en Palestina.

Sin embargo, la brújula hoy se desvía del norte de análisis hacia una cuestión que violenta los derechos humanos y que ha puesto el debate en distintos organismos internacionales; la implementación de la pena de muerte en el Estado judío, bajo argumentos fútiles y carentes de un análisis sustancial en función de las necesidades políticas y sociales de la región.

Hoy el debate no tendría que pasar por la implementación de la pena de muerte en Israel; genuinamente se tendría que estar hablando de una “democracia” erosionada, descontento social, y el estancamiento de un proceso de paz que hoy más que nunca se encuentra muerto y enterrado; y no en terapia intensiva como se ve ante ópticas de los organismos internacionales.

Ante tal escenario, avanza en Israel una propuesta hecha a nivel legislación en donde se establece la narrativa de pena de muerte hacia los palestinos que atenten en contra no solamente de judíos, también en contra de la propia identidad del “Estado de Israel”; convirtiéndoles en objeto de posibles juicios sumarios y la violación de derechos fundamentales en la ya de por sí lacerada situación en los territorios ocupados.

La narrativa de reforma judicial llega en un pésimo momento, la falta de cohesión entre los distintos espectros de la derecha al interior del parlamento israelí; así como las constantes protestas y manifestaciones sociales en contra de la actual administración, ponen de manifiesto el resquebrajamiento de las instituciones israelíes, y ante ello, la siempre recurrente estrategia del enemigo común (palestino) que cohesiona a una sociedad carente de garantías mínimas e indispensables.

Entonces ¿Pena de muerte en Israel? La situación no pasa por una medida que todavía no ha sido aprobada (se encuentra cerca de estarlo); sino que, establece privilegios ante las violencias israelíes. La reforma implica que se sigan aprobando proyectos de asentamientos israelíes a lo largo y ancho del valle del jordán. Narrativa que violenta al derecho internacional, en torno a que no se tendría que transferir población a un lugar que se esta ocupando de manera “temporal”. Es decir, las iniciativas estriban en cinco líneas:

  1. Anexión territorial y construcción de asentamientos ilegales en la Palestina ocupada.
  2. Pena de muerte a palestinos que hayan ejercido violencia ante un ciudadano o ciudadana israelí o que representen una amenaza para la “Existencia del Estado judío”. (Solamente aplica para palestinos, no para ciudadanos israelíes).
  3. Dotar de mayor poder al ejecutivo, es decir darle mayor poder de decisión y acción al primer ministro Benjamín Netanyahu y las coaliciones que le apoyan.
  4. Modificar el comité de selección de jueces, y reducir la capacidad de la Suprema Corte.
  5. Romper con la interdependencia de la policía de Israel e integrarla al Ministerio de seguridad.

Las anteriores tentativas de ley han hecho que la propia sociedad israelí salga al espacio publico exigiendo que se frenen en el parlamento dichas iniciativas. Sobre todo, grupos minoritarios y vulnerables que se verían seriamente afectados por los caprichos de las distintas facciones de derecha que apoyan el gabinete de Netanyahu.

Así, el análisis no pasa solamente por el ejercicio de una pena de muerte; pasa en realidad, por una serie de reformas que afectan y minan la calidad de vida de una sociedad israelí desgastada, harta, y que más allá del simplismo no simpatiza con una agenda que no se adecua a las necesidades actuales.

Por otro lado, son lo palestinos quienes encuentran ecos de estas situaciones en la escalada de violencia en los territorios ocupados. Lo anterior, debido a que Israel lo hace en términos de mimetizar la crisis y que se hable estrictamente de lo que siempre se habla “violencia y terrorismo árabe”, cuando en realidad se tendría que estar hablando de crisis del modelo democrático israelí, las protestas sociales y la crisis económica que se vive en una situación de apartheid, en donde ahora, se pondrá precio a la vida de un palestino, pero no así a la de un israelí a pesar de que cometan exactamente el mismo delito. Paradojas sin duda, de las democracias a la usanza occidental.