• Artículo de opinión.
  • Escrito por: Dr. Eduardo González Velázquez.

Esta semana desde el Congreso de Estados Unidos retumbó con fuerza la peregrina idea de nombrar a los cárteles de la droga en México como Organizaciones Terroristas Extranjeras, una idea presentada desde enero de este año (aunque años atrás también se había intentado llevarla a cabo desde Washington), y que a raíz de los sucesos de Matamoros donde fueron levantados cuatro estadunidenses, dos de los cuales fueron asesinados ha cobrado notoriedad.

La propuesta fue presentada por el republicano de mayor rango en el Congreso, el senador de Carolina del Sur, Lindsey Graham, quien forma parte del Comité Judicial; se sumaron el también senador de Arkansas, Tom Cotton, y los representantes de Texas, Dan Crenshaw y Chip Roy. De igual manera, el exfiscal general, William Barr se mostró a favor del plan legislativo, según The Wall Street Journal.

De ponerse en marcha la idea republicana, el gobierno estadunidense podría realizar intervenciones militares en nuestro territorio sin la necesidad de una solicitud expresa del gobierno mexicano; pero además, las autoridades norteamericanas estarían obligadas por ley a investigar y perseguir a las empresas de su país que presuntamente utilicen recursos de procedencia ilícita. Es decir, tendrían que ir en contra de la jugosa maquinaria de lavado de dinero allende el río Bravo que aceita considerablemente la economía estadunidense.

De manera inmediata la Casa Blanca, en voz de la portavoz, Karine- Jea-Pierre, negó la posibilidad de apoyar la propuesta de los legisladores republicanos, y ratificó el entendimiento y trabajo conjunto realizado entre los gobiernos de México y Estados Unidos. “Designar a estos cárteles como Organizaciones Terroristas no nos otorgaría ninguna autoridad adicional a la que tenemos en este momento”, remato la vocera presidencial.

Al mismo tiempo, el representante Crenshaw presumió tener lista la ley que le otorgaría a la administración Biden la autorización de acciones militares en México, y no paró ahí: se dirigió al presidente López Obrador diciéndole que “es tiempo de que autoricemos fuerza militar contra ellos (cárteles) […] ¿Está escuchando? Nos encantaría ser un aliado. Ayúdenos a ayudarle”. Remató afirmando que en México existe un “narco-Estado”.

La respuesta del gobierno de la 4T no podía ser otra que el rechazo inmediato de los sueños republicanos. Además, dejó en claro, al igual que la Casa Blanca, que en el combate al narcotráfico existe un entendimiento y trabajo conjunto entre ambas naciones. Pero de eso, a permitir que las tropas estadunidenses entren a nuestro territorio a combatir a los cárteles de la droga hay un gran trecho.

No deja de llamar la atención escuchar algunas voces de la derecha mexicana que se mostraron encantadas de la llegada de tropas extranjeras a nuestro país.

Frente a los disparates republicanos y los aplausos otorgados por parte de la derecha mexicana, no podemos más que reconocer que una parte de la oposición en nuestro país muestra un amplio desconocimiento de las históricas consecuencias negativas que hemos sufrido en México por permitir la presencia militar estadunidense en nuestro territorio.