A simple vista la pregunta pareciera ilógica. ¿Qué pueden tener en común el exprocurador Murillo Karam y el expresidente de Estados Unidos? Quizá en una comparación directa entre ellos, nada. Sin embargo, ambos personajes están lanzando la misma frase en estos momentos: “Es político”.
Ambos consideran que los procesos judiciales en su contra están motivados por cuestiones políticas y no jurídicas. Ambos piensan que los gobiernos de sus respectivos países están haciendo un uso político de la justicia.
En México, Jesús Murillo Karam es acusado de tortura, desaparición forzada y obstrucción de la justicia por el caso de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. Le reclaman que la llamada “verdad histórica” fue en realidad la conclusión de una investigación desaseada, donde hubo detenciones arbitrarias, tortura y montajes.
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Lo cierto es que por ahora los 43 normalistas siguen desaparecidos, sin indicios de que puedan estar vivos, sin posibilidad de que se cumpla la exigencia de los padres y familiares de estos estudiantes que por años han gritado: “Exigímos la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa”.
Hay mucho resentimiento contra el Estado, y Murillo Karam representa parte de ese Estado, al haber sido Procurador General de la República en el tiempo en que ocurrieron los hechos. Por acción u omisión, alguna responsabilidad tiene, pero será motivo de análisis jurídico y político, ver hasta dónde lo van a castigar.
En Estados Unidos, Donald Trump libra una batalla contra el Departamento de Justicia. El FBI cateó su casa de Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida. Los agentes habrían encontrado documentos clasificados con información sensible de temas nucleares y diplomáticos. El republicano ahora quiere que un grupo independiente revise los documentos. En esa batalla legal están, mientras acusa a la administración Biden de “cacería de brujas”.
Sus seguidores están muy enojados. Las amenazas contra fuerzas federales, principalmente del FBI, han aumentando desde el cateo.
En conclusión, más allá de que en ambos casos hay elementos jurídicos o incluso probables delitos que se cometieron, es imposible que el ingrediente político quede fuera en estos casos, tratándose de personajes que han estado en los niveles de decisiones más altos de sus respectivas naciones. Y sí, cualquiera que sea el resultado final, para ellos y para muchos… “Es político”.
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