Por: José Vega Talamantes *
En no pocas ocasiones he escuchado el temor de algunas personas de ejercer su libertad de expresión, respecto a algún asunto público, por el riesgo de terminar en el ostracismo.
El dilema es bastante peligroso pues la libertad de expresión, cual derecho humano, debería gozar de todas las garantías para su ejercicio, mas no verse empañado por circunstancias o personajes que inhiban su ejercicio.
Además, precisamente por ser un derecho humano, debería ser interpretado bajo el principio de progresividad, con el fin de que cada vez se tomen mayores medidas a corto, mediano y largo plazo para lograr su debido ejercicio.
Culturalmente o por costumbre, como se quiera ver, en México hay un amplio antecedente de lo que comento.
Aquella famosa frase que reza “el que se mueve no sale en la foto”, contiene un alto ingrediente de esa opción que se da a quien opina de algo que cause incomodidad en la esfera pública. Opinar algo “indebido”, definitivamente puede ser una forma de “moverse” que impida salir en una “foto”, como puede ser un cargo público al que se pensaba llegar.
Aunque el ejemplo que puse era (o es todavía) propio del proceso de selección del sucesor del Presidente de la República, esa práctica de llevar al ostracismo a una persona por el hecho de emitir una opinión desfavorable a alguien, parece estar muy arraigada en otros niveles de gobierno.
Por ejemplo, las legislaturas federal y estatales tienen bajo su poder el nombramiento de múltiples funcionarios y es fácil que, aquél candidato a ocupar un cargo público que les haya sido incómodo por emitir opiniones respecto a su función legislativa, simplemente no pase de formar parte de una lista de posibles aspirantes a un cargo, pero que al final no sea electo por “portarse mal”, aun cuando tenga probadas credenciales para ocupar el puesto sujeto a designación.
La discrecionalidad en las designaciones favorece esas prácticas, pues es raro que las legislaturas se basen en sistemas de puntaje o algún otro método objetivo para evaluar a quienes se presentan ante su potestad, con la aspiración a ser designados para ocupar algún cargo público. Así, de un plumazo una persona candidata puede ser descartada, por ser de los que “hablan de más”.
Tratando de ser justos con el caso mexicano, en todos lados se cuecen habas.
Por ejemplo, en un documental que se titula Atleta A, se narra la historia de las múltiples jovencitas gimnastas en Estados Unidos que fueron abusadas por el doctor Larry Nassar, quien estaba encargado de su salud durante sus entrenamientos.
Una de ellas, de las más talentosas y a punto de calificar a los Juegos Olímpicos de Río 2016, fue misteriosamente descartada del equipo olímpico, muy probablemente por haber denunciado el abuso sexual a que fue sujeta por parte del galeno mencionado.
Así, a pesar de la gravedad de ese caso y el correspondiente daño a las menores y sus familias, la joven gimnasta que decidió hablar por primera vez sobre el asunto no se salvó de llevar una consecuencia, pues fue relegada del equipo olímpico del cual era casi seguro que formaría parte.
De tal manera, no deberían extrañarnos los casos en que, mujeres y hombres suficientemente capacitados para ejercer grandes responsabilidades en este país, terminen en la ignominia por no ser “bien portados” con quienes detentan el poder público.
Lo he mencionado en otras de mis entregas: en este país pareciera que vale más ser correcto políticamente, que hablar con la verdad. También parece que vale más conservar una chamba, que tener dignidad y principios.
Pero el caso de las mujeres gimnastas también es alentador porque reveló algo muy importante: no eran ellas quienes debían sentir vergüenza por haber sacado a la luz lo que vivieron, sino su abusador por haber cometido esas atrocidades que no pudo ocultar para siempre.
En esta primera entrega de 2022 envío mis mejores deseos para quienes amablemente me leen, esperando para ustedes y sus seres queridos que todo sea mucho mejor que el año anterior.
* Licenciado en derecho y maestro en transparencia y protección de datos personales. Actualmente realiza estudios de doctorado.















