​​​​​​La noticia causó sorpresa, no porque haya duda de que la pandemia esté descontrolada, sino porque algunos lo creían inmune también en su salud.

Como era de esperarse, no faltaron los que aprovecharon la noticia para llenar de malos deseos al doctor Hugo López-Gatell Ramírez, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de la Secretaría de Salud del Gobierno de México, quien anunció el pasado sábado que padecía Covid-19.

Tampoco faltaron los que, al conocer el anuncio, mostraron corrección política y enviaron sus buenos deseos, pero seguramente volverán al ataque una vez que anuncie que se ha recuperado.

Conforme al Reglamento Interior de la Secretaría de Salud, son ya de por sí múltiples las atribuciones que su artículo 10 le confieren a quien ejerce el cargo que ocupa López-Gatell, dentro de la estructura orgánica de dicha secretaría (dos fracciones de las que componen ese numeral se encuentran derogadas).

Lógicamente, el ejercicio de esas atribuciones depende de las necesidades del servicio púbico que se tengan y de la coyuntura que las haga o no exigibles. Pero, en suma, son bastantes las responsabilidades que tiene un Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud.

El reglamento referido dispone los casos de suplencia. No obstante, esta suplencia es de tipo reglamentaria, es decir, se prevé para el desarrollo de las atribuciones enlistadas, no a lo que en general representa la figura del Subsecretario.

El doctor López-Gatell Ramírez ha tenido que desarrollar varias funciones o encargos que, probablemente, nunca imaginó cuando fue designado Subsecretario.

López-Gatell comenzó con la presunción de ser una figura autorizada, respetada. Más allá de sus atribuciones reglamentarias, se le dio, desde el principio, la responsabilidad de ser el vocero encargado de mantenernos informados sobre todo lo relativo al curso de la pandemia. Ser el rostro del gobierno federal en ese tema, en síntesis.

También hay que decirlo, desde un principio, mostró que tendría palabras halagüeñas para el Ejecutivo Federal, cuando así se requirieran. Y así, a estas alturas, el comportamiento y palabras del Subsecretario lo hacen parecer más como una veleta.

Su escenario “catastrófico” quedó superado por mucho desde hace bastante tiempo ya. No sé cual adjetivo siga a lo que triplica lo catastrófico, pero ahí es donde estamos en este momento (aclaro, en cifras oficiales).

La fuerza “moral”, no de contagio, ya se vio que no le importa al virus Covid-19. Lo de la fuerza moral es algo subjetivo; la fuerza de contagio del virus ha sido terriblemente objetiva y real.

Las comorbilidades, culpables supuestamente de los casos más graves, no son una verdad absoluta. Hay múltiples casos de personas que, sin padecerlas, están teniendo un desenlace fatal.

Muchos de los que le han deseado mal y de los que le han deseado pronta recuperación llevan varios meses pidiendo su renuncia. Como ello no ha acontecido, se preguntan por qué sigue en el cargo, a pesar de lo que denominan una “estrategia fallida”.

De ahí surgen dos preguntas. Una es: si ha habido una estrategia, ¿el artífice de ella es realmente el Subsecretario?

La otra pregunta es: ¿podría alguien prestar el servicio que ha dado el Subsecretario? Y en ello no me refiero al servicio derivado de las atribuciones reglamentarias, sino al que tiene que ver con la figura que se ha construido alrededor de él.

La ausencia de un funcionario de alto nivel hace necesario que se muevan muchas piezas al interior de una institución. Ya se vio, en su momento, lo que ocurrió con el anuncio del contagio del titular del Ejecutivo Federal.

Al momento de escribir estas líneas no se conoce cómo se desarrollará la convalecencia de López-Gatell pero es obvio que, al menos, deberá estar aislado por algunos días.

De la forma en que el funcionario evolucione dependerán los términos en que deba desarrollarse la suplencia que prevé el reglamento respectivo, pues no puede dejarse de lado que, muy probablemente, algunos de los servidores públicos facultados para suplirlo también deban permanecer aislados, derivado de su constante interacción con el Subsecretario.

En tal sentido, la parte reglamentaria quizá pueda quedar satisfecha con el régimen de suplencia previsto en la norma, pero, ¿quién podría suplir al Subsecretario en las distintas encomiendas que se le han hecho de manera extra oficial, desde Palacio Nacional?

* El autor es licenciado en derecho y maestro en transparencia y protección de datos personales. Actualmente ejerce en el Poder Judicial de la Federación. Ha sido Director de Colaboración y Programas Interinstitucionales con las Entidades Federativas en el INAI y Director de Enlace Legislativo en SETEC, entre otros cargos.