Héctor Romero*
Las sociedades hemos elegido representar nuestras creencias, valores o ideas, así como resaltar
aspectos que consideramos importantes mediante símbolos. Entre estos están los monumentos, los cuales no solo surgen como elementos ornamentales de la trama urbana, sino que representan el imaginario colectivo.
Según su raíz etimológica, monere, su propósito es recordar o pensar en algo.
Sin duda, uno de los monumentos más significativos de nuestra ciudad es la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, donde se perpetúan a aquellos personajes históricos que por su trayectoria hemos determinado honrar.
Esta obra arquitectónica de Vicente Mendiola, encomendada por el gobernador González Gallo a finales de los años cuarenta, alberga los restos de 31 personajes ilustres de la entidad, a pesar de que se han considerado dignos de dicho reconocimiento 44 jaliscienses. La diferencia obedece a que los restos se encuentran en algún otro espacio o jamás han sido localizados, aunque ello no resta valor a la distinción como beneméritos de Jalisco.
Aquí hay desde militares, insurgentes, juristas, clérigos, artistas, políticos, arquitectos y científicos, cuyas vidas han sido ejemplares por sus acciones heroicas, virtudes cívicas o aportaciones destacadas en la ciencia, artes o cultura. Desde Fray Antonio Alcalde hasta Guillermo González Camarena.
Además de sus acciones notables, la legislación exige para ser declarado benemérito haber nacido o habitado en Jalisco, que la labor meritoria haya sido en beneficio del estado o de la nación y tener al menos 20 años de fallecido.
Lo que llama la atención es que apenas cuatro mujeres han sido reconocidas con esta distinción: no fue sino hasta el año 2000 que se incorporó a la educadora Irene Robledo; diez años después fue distinguida la insurgente Rita Pérez; mientras que hasta el 2016 se sumaron las primeras artistas, Consuelo Velázquez y María Izquierdo.
¿Acaso no hay más mujeres que hayan contribuido a la historia de Jalisco y merezcan el reconocimiento cívico y la difusión de su vida y obra?
Todo lo contrario, nuestra historia está llena de mujeres memorables, a pesar de que las instituciones han sido omisas en reconocerlo.
Ejemplos hay muchos: Lola Álvarez Bravo (Dolores Martínez de Anda), nacida en Lagos de Moreno, fue la primera fotógrafa mexicana y pionera del retrato cotidiano; Lucha Reyes, de Guadalajara, desarrolló el estilo bravío de la canción ranchera; Beatriz Hernández, fundadora de la ciudad; Antonia Leonila Urzúa López, fue la primer mujer en obtener el grado de médico y pionera en la educación sexual femenina; Griselda Álvarez, quien fue senadora y primera gobernadora de un estado de la república; Rosa Navarro Flores, considerada la primera periodista jalisciense; la cuentista tapatía Guadalupe Dueñas; Esther Fernández, de Mascota, fue la primera actriz en triunfar en la época de oro del cine mexicano; Beatriz Ashida fue la primera arquitecta tapatía; Isabel Villaseñor, oriunda de Guadalajara, se destacó como pintora, actriz y cantautora de corridos; Guadalupe Sierra, sobresaliente por su pintura ingenua.
Estas solo son algunas de las que faltan, que nuestro imaginario ha borrado, desvalorizado sus méritos.
En cambio, muchos otros de los que ahí se encuentran no corresponden a los valores y visión de la sociedad contemporánea, quienes se pueden considerar por muchos, sino la mayoría, como tiranos, traidores, asesinos o simples resultados de trueques de intereses políticos.
Sin ellas y con ellos la validez de la rotonda como espacio colectivo está en duda, ajena a un verdadero sentido de justicia y a los valores de la sociedad que se dice querer construir. El monumento pretende obligar a recordar, pero lo que necesitamos es reflexionar. Si no hacemos conciencia del pasado, no podemos entender el presente y menos pensar en el futuro.
Estos espacios son el reflejo de la ocupación del espacio público de la memoria colectiva. Sin la protesta clara de esta ausencia, sin que estos espacios sean re-imaginados y re-apropiados, sin que ellas se conviertan en iconos de la simbología urbana, no podemos pensar en una refundación.



















