Por: Eduardo Gonzalález Velásquez
Este fin de semana se celebraron elecciones estatales en Veracruz y Durango. Fue la primera tarea electoral para la nueva dirigencia de Morena. Los resultados obtenidos fueron variopintos. Pero más allá de los votos pepenados, se impone una reflexión profunda sobre los espacios perdidos en dicha jornada. Hemos insistido que Morena no debe pensar que el apoyo obtenido en la elección presidencial del año pasado es un cheque en blanco y que aprovechándose de ese bono democrático puedan hacer y deshacer a su antojo. En la media que el partido guinda no escuche las demandas de las personas, en esa misma proporción perderán su apoyo y abrirán la puerta para que la oposición vuelva a colocarse en espacios de gobierno.
No solo eso, la lucha intestina en la alianza Morena-PT-PVEM por obtener las candidaturas y los espacios de poder que dan acceso al uso de los recursos públicos puede terminar en una historia que ya vivimos. Por otro lado, las grietas al interior del partido mayoritario se vuelven escollos importantes, a veces insuperables, para la movilización de la población en su favor. Lo que produce en muchas ocasiones el llamado “fuego amigo” entre los correligionarios partidistas.

No olvidemos las sempiternas disputas tribales al interior de los partidos de izquierda en nuestro país que lo único que generaron fue la debilidad de esos institutos para enfrentar con éxito al aparato del otrora gobernante partido del PRI.
La pérdida de 16 alcaldías en Veracruz y 3 en Durango debe encender al menos las luces amarillas en la dirigencia morenista, sobre todo con su presidenta, Luisa María Alcalde y el secretario de Organización, Andrés López Beltrán. Ningún de los dos debe suponer que la alianza partidista y el apoyo de los ciudadanos se mantendrá únicamente por el respaldo que la población le brinda a la presidenta, Claudia Sheinbaum y al legado de López Obrador, por el contrario, la dirigencia debe tener en claro que deben construir y fortalecer el compromiso con las bases sociales, pero al mismo tiempo no hacer menos a los partidos que los acompañan en su alianza.
Desde luego, no se trata de que Morena obtenga todos los triunfos en los espacios jugados electoralmente, pero de lo que si se trata es de que los que obtenga sean el resultado de un buen trabajo de gobierno, y que los que pierda no sea por anteponer los intereses personalísimos de varios dirigentes nacionales y locales del partido fundado por López Obrador.















