• Columna de opinión.
  • Escrita por: Eduardo González Velázquez.

Los gobiernos deben entender que frente a un personaje como Donald Trump lo peor es agachar la cabeza. Ceder a sus presiones. Otorgar todo lo que él exige. Tenerle miedo. No defender la soberanía nacional. Continuar pensando que la única salida es doblegarse ante Washington. Un personaje como Trump no se detiene cuando consigue lo que busca, al contrario, cada vez exige más. Nada parece ser suficiente. Lo mismo ataca a los aliados que a sus enemigos. Si los gobiernos continúan pensando que ceder ante el republicano les dará alguna ventaja frente a la Casa Blanca siguen equivocados. Por el contrario, mientras los gobiernos tengan una posición firme contra el presidente de Estados Unidos podrán salir mejor librados de las presiones trumpianas.

Dinamarca no lo ha entendido así, apostó equivocadamente al aceptar cerrar un acuerdo con Estados Unidos para otorgarle “el control permanente” de la seguridad del territorio ártico, luego de meses de amenazas de Trump con quitarle la isla por la fuerza a su aliado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El mismo presidente estadunidense, confirmó el viernes pasado que su país alcanzó un acuerdo para el “control permanente de la seguridad” de Groenlandia, lo que permitirá una amplia expansión de la presencia militar estadunidense en el territorio danés que Trump anhela desde hace tiempo.

La más delicado es que ya no siquiera existe un comunicado oficial sobre el acuerdo, por el contrario, basta un aviso de Trump en sus redes sociales para que el resto de la comunidad lo vea como suficiente.

Parece ser que, a primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen no le quedó de otra tras el anuncio tuitero de Trump que confirmar que el acuerdo será firmado por los tres gobiernos esta semana en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, aunque trató de matizar reconociendo que aún se necesita la ratificación de los parlamentos danés y groenlandés antes de que pueda entrar en vigor. Eso del parlamento es irrisorio ante la consumación del acuerdo.

Más allá de que el premier groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, haya declarado que trato “beneficia” a los tres gobiernos porque reconoce los intereses de Groenlandia, su derecho a la autodeterminación, su lugar en la cooperación internacional, su la soberanía e integridad territorial, lo que estamos mirando es el incremento del dominio estadunidense sobre esas tierras.

Por su parte, Trump no guardó las formas y aseguró que con el acuerdo su gobierno comenzaría “de inmediato” una mayor presencia militar en el territorio danés, el cual es rico en minerales, y advirtió que “ningún adversario podrá tener una base ni presencia militar, ni realizar inversiones sensibles en Groenlandia sin la aprobación del republicano por escrito.

En ese sentido, el acuerdo impedirá a los países que no pertenecen a la OTAN establecer una base militar o tener presencia de tropas en la isla, y prohibiría las inversiones de países no aliados en los sectores críticos de minería.

Si bien, podría decirse que ese acuerdo es similar al establecido desde 1951 que otorgaba a Estados Unidos la autoridad para estacionar tropas en Groenlandia, no podemos negar que hoy son mayores los poderes que le entregan a las barras y las estrellas.

A no dudar, Donald Trump continúa con sus planes de hacerse de un mayor control territorial no solo en América, sino en otras partes del mundo. De no ponerle un alto ahora, mañana será demasiado tarde.