• Columna de opinión.
  • Escrita por: Eduardo González Velázquez.

El fin de semana pasado se llevaron a cabo elecciones regionales en Sajonia-Alhalt en Alemania. El partido triunfador fue el ultraderechista, etnonacionalista y neofascista Alternativa para Alemania (AfD) que obtuvo 44.5 por ciento de los votos y 39 diputados, quedando a solo tres de la mayoría absoluta; el segundo lugar fue para el partido conservador del canciller, Friedrich Merz la Unión Demócrata Cristiana (UDC) que consiguió 18.5 por ciento de sufragios perdiendo 25 escaños de los 40 que tenía. A pesar del triunfo, la AfD no obtuvo los votos suficientes para gobernar en solitario lo cual lo obligará a realizar alianzas, no obstante, se coloca en la antesala del primer gobierno estatal de ultraderecha desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Sin duda, se avecinan tiempos de nacionalismo y xenofobia. El mismo candidato ganador, Ulrich Siegmund ha sido muy claro en su programa de gobierno: la “remigración”, es decir, la política de deportaciones masivas, restablecer lazos con Rusia, abandonar el euro, promover un patriotismo alemán sin complejos, prohibir las banderas arcoíris en las escuelas, poner fin a las ayudas sociales a los migrantes, y suspender la construcción de parques eólicos.

Envalentonados los ganadores, en voz de su copresidenta nacional y líder, Alice Weidel emplazaron al canciller alemán, Merz a convocar a elecciones anticipadas de inmediato para propiciar su remplazo “antes de Navidad”.

Desde el frente derrotado, Friedrich Merz se reunirá con dirigentes de la CDU para discutir el importante revés para su agrupación que gobernó Sajonia-Anhalt durante 24 años. Asimismo, varios frentes han manifestado su rechazo al avance y triunfo de AfD, desde grupos de la sociedad civil como la Asociación de Víctimas del Régimen Nazi y la Federación de Antifascistas, como el presidente del Consejo Central de los Judíos, Josef Schuster, el premier polaco, Donald Tusk y el ministro de asuntos Europeos de Francia, Benjamín Haddad, todos ellos han calificado la victoria como un “momento grave” para Europa y han llamado a combatir el nacionalismo y la xenofobia.

Más allá de los resultados del fin de semana, las razones que los soportan vienen de más atrás: lo mismo el desprecio de Alemania Occidental hacia la Alemania Oriental luego de la reunificación, que la creciente migración que miran los alemanes orientales como una amenaza, y el resurgimiento de un fuerte nacionalismo.

Los proyectos contra los derechos de la población vendrán luego. El posfascismo no se limita a Sajonia-Anhalt, los sondeos en Alemania sitúan a AfD como primera fuerza a nivel federal, con casi 30% de los apoyos. Frente a esa realidad no existe cordón sanitario (electoral) que funcione.

El resultado en Alemania pone a la propia Unión Europea en alerta. Sajonia-Anhalt podría ser el primer capítulo de un movimiento electoral de ultraderecha que podría ir consiguiendo mayores espacios en Francia, Italia, España y Polonia donde se celebrarán comicios generales o presidenciales en 2027.

La ola de extrema derecha que recorre algunas naciones europeas pone en peligro el respeto a los derechos humanos y la existencia de los Estados de Bienestar, además de mercantilizar la política como esencia de su actuar para acercarnos peligrosamente a la última frontera. Es urgente que la sociedad y los gobiernos progresistas redoblen esfuerzos para colocar un dique al avance de proyectos políticos excluyentes, xenófobos, misóginos, homofóbicos que insisten en mirar el ejercicio del gobierno como una oportunidad para realizar negocios personales, como ya lo hemos visto, por ejemplo, en el caso de Donald Trump y su familia y de Javier Milei.