- Columna de opinión.
- Escrita por: Eduardo González Velázquez
Todavía resuenan por algunos corrillos de la política mexicana y algunos medios de comunicación los lamentos de la derecha en nuestro país porque Donald Trump no se ha decidido a venirnos a salvar del gobierno de Claudia Sheinbuam Pardo y la 4T. Siguen esperando la instauración de la democracia y la caída de la dictadura morenista a manos del republicano que habita en la Casa Blanca.

A estas alturas, solamente a la derecha mexicana se le ocurre continuar pensando que a Washington le interesa instaurar la democracia en las naciones latinoamericanas, porque ni siquiera está interesado en fortalecer la democracia estadunidense, menos la de Latinoamérica.
Por un lado, en México no vivimos en una dictadura y el ejercicio de gobierno de la 4T continúa recibiendo el apoyo de las mayorías a consecuencia de los resultados positivos obtenidos en varios rubros de la vida nacional. Y, por otro lado, el robo petrolero a Venezuela anunciado por Donald Trump y respaldado por la “presidenta” Deicy Rodríguez muestra con claridad el verdadero motivo de la invasión a Venezuela. Nosotros siempre lo dijimos, y Trump lo ha venido conformando al paso de los meses: no le importa la democracia, solamente el petróleo y los negocios.
Esta semana el inquilino de la Casa Blanca anunció que los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos establecieron un “acuerdo histórico” en materia de explotación petrolera en suelo del país bolivariano, que permitirá el desarrollo de 17 campos estratégicos con un potencial probado de 65 mil millones de barriles de crudo.
El robo del siglo lo concretaron los secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Guerra, Peter Hegseth con la “presidenta” Delcy Rodríguez para asegurar “el control mayoritario de la Unión Americana sobre más de 65 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela”. Las reservas probadas de Venezuela ascienden a 303 mil millones de barriles de crudo, según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Por lo tanto, este “acuerdo”, más bien saqueo, significa que Estados Unidos tendría el control operativo sobre más de 21 por ciento de las reservas de la nación sudamericana, duplicando las reservas de petróleo estadunidense que hoy ascienden a 45 mil millones de barriles de petróleo.
El mayúsculo atraco a Venezuela debería de tener consecuencias, no solamente al interior de aquel país, sino en el contexto internacional. Sin embargo, a nivel global parece que las grandes potencias siguen con su reparto muchas veces ruidoso y otras tantas silencioso del planeta. Los mismo en el cercano occidente que en América Latina, África o Europa del Este. Y, por lo que concierne a los venezolanos deberíamos esperar un rechazo total a la permisividad de su gobierno frente a la orden de Trump para saquear sus recursos petroleros.
Desde la invasión militar estadunidense en enero pasado para secuestrar al presidente, Nicolás Maduro, Washington ha gobernado Venezuela de facto. Suponer que el robo petrolero no se consumaría era pecar de ignorancia. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que este es un acuerdo es totalmente contrario a la voluntad del pueblo venezolano. El petróleo es de ellos, no de la “presidenta” Deicy Rodríguez y menos de Trump.
Esta es una clara y vergonzosa lección para la derecha mexicana que por momentos osan decir y pedir cosas a las que ni los conservadores del siglo XIX se atrevieron.
Insistir en agarrarse de los clavos ardientes que significa salir corriendo a Washington a pedirle ayuda a Trump, es una muestra clarísima no solo de ausencia de memoria histórica e ignorancia geopolítica, sino también de un falso nacionalismo que lo único que busca fortalecer es por el propio interés de quienes lo promueven más allá de nuestras fronteras.


















