- Columna de opinión.
- Escrita por: Diego Lanzarin.
Es 20 de julio, lunes por la mañana, y en Medellín el “Tigre”, Abelardo de la Espriella, pronuncia un discurso con motivo de la conmemoración del Día de la Independencia colombiana. Tras el desfile militar y desde el interior del Túnel del Toyo –obra en curso que pretende conectar a Medellín con el Urabá y su salida al mar– el 43.º presidente electo da continuidad retórica al belicismo donde “volverán las fumigaciones y los bombardeos”, al tiempo que hace eco de un alegato nacionalista donde Colombia –¿o habrá querido decir América? la confusión es, después de todo, natural– será nuevamente “grande de una buena vez”. Por mi parte le pregunto a Borges si sigue tan seguro de ese verso donde «Después vendrían otros tigres» y espero atento a escucharlo arrepentirse.
Es 20 de julio, lunes, 3:00 pm, y en el Salón Elíptico, sede del Congreso de la República, se gesta la otrora imposible alianza entre el Centro Democrátivo y Pacto Histórico. A la expectativa de oponer un contrapeso real al congresista respaldado por Abelardo de la Espriella, Alfredo Deluque, dicha alianza propone a su propio candidato, Honorio Henriquez Pinedo. Yo, con el falso poder predictivo que nos confiere el tiempo –escribo esto a unas horas apenas de haberse iniciado el martes–, auguro lo siguiente: Henríquez, senador uribista, fungirá, una vez terminada la sesión, como el presidente electo del nuevo periodo constitucional 2026-2030. Nótese lo peculiar del caso. Nunca bajo la Constitución de 1991, el mandatario entrante había perdido la pugna por definir la cabeza de una de sus cámaras y la costumbre, o la historia reciente, que viene a ser lo mismo, dictaba ya una suerte de correspondencia ideológica entre el representante del Legislativo y el Ejecutivo.
Es 20 de julio, lunes al mediodía, y en Ciudad Bolívar, sur de Bogotá, Gustavo Petro convoca a un “segundo grito de independencia” protagonizado por una movilización masiva en las calles de la capital. Al mismo tiempo, Ivan Cepeda lee apocado frente a la prensa: “el único camino posible de oposición es la desobediencia civil entendida como acción pública pacífica”. Lo escucho sin prestarle ya mucha atención y aflora, de tiempo en tiempo, el recuerdo de ese margen de 0,96% que terminó por relegarlo al segundo puesto tras la última vuelta electoral. “Colombia pierde su soberanía el 7 de agosto”, dice Petro, y el mal sabor de boca producto de sus reiteradas denuncias de fraude electoral se confunde y remite con las declaraciones del nuevo vicepresidente José M. Restrepo; porque ¿qué pensar de cara a ese “Colombia puede ser un aliado incondicional de los EE.UU.” que decidió arrojar mientras CNN lo entrevistaba?
Es 21 de julio, madrugada del martes, y, a 17 días de la investidura presidencial, mastico a medias lo que el poeta cartagenero Raúl Gómez Jattin alguna vez escribió: «Ya para qué seguir siendo árbol / […] / si mis pájaros migraron a otros lugares» y «Está quieto el jardín soportando la tarde / de un marzo que se anunciara ventoso […]». Como Guerriero cuando las elecciones argentinas del 23, imposible no preguntarse si durante esta nueva administración las calles estarán todavía colmadas por los mismos sintecho de siempre, y los profesores, jubilados y médicos continuarán con ingresos de miseria. Vamos, que habría que cambiar ese «marzo» por una unidad de mayores dimensiones.


















