• El costo para acceder a alimentos y servicios en las ciudades de México creció un 3.9% anual; el transporte público y los rubros de recreación por el Mundial de Fútbol presionaron los bolsillos.

En un entorno marcado por el arranque de las festividades de la Copa Mundial de Fútbol, los ciudadanos que habitan en las zonas urbanas de México requirieron de un ingreso mínimo de 4,888 pesos mensuales por persona para poder adquirir la canasta básica de alimentos y servicios durante junio de 2026. La cifra fue revelada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) a través de la actualización de sus Líneas de Pobreza por Ingresos (LPI).

El reporte técnico confirma que el costo de la vida en las principales ciudades del país encendió las alertas al encarecerse por arriba de la inflación general. Los datos del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) mostraron que mientras la inflación se situó en un 3.4% a tasa anual, el costo de la canasta básica urbana trepó un 3.9%, impactando directamente el poder adquisitivo del salario de los trabajadores.

Brecha urbana vs. rural: El impacto del transporte y los servicios

El fenómeno económico tuvo un comportamiento diferenciado según la región geográfica. En contraste con el estrés inflacionario de las metrópolis, el entorno rural mostró un comportamiento en línea con los indicadores generales de precios:

  • Entorno Urbano: Se necesitaron 4,888 pesos por persona (incremento del 3.9% anual).
  • Entorno Rural: Una persona necesitó 3,503 pesos en junio para cubrir sus necesidades básicas, lo que significó un aumento anual del 3.4%, caminando a la par de la inflación.

El Inegi detalló que los alimentos esenciales jugaron el papel más determinante en el alza de las Líneas de Pobreza, teniendo una incidencia mucho mayor en las ciudades (60.7%) que en las comunidades rurales (49.4%).

Alimentos, transporte y recreación: Los detonantes del alza

Al desglosar la inflación interna de la canasta urbana, el instituto destacó que la alimentación no fue el único factor de presión. En las zonas urbanas, la canasta alimentaria por sí sola se encareció un 4.6%.

Sin embargo, los servicios de la canasta no alimentaria registraron incrementos sustanciales debido a la dinámica urbana y el gasto social:

  • Transporte público: Escaló un 7.5%, consolidándose como el rubro no alimentario que más afectó el presupuesto de los trabajadores.
  • Educación, cultura y recreación: Registró un aumento del 5.8%, impulsado en parte por las actividades y consumos asociados a la temporada veraniega y los eventos del torneo mundialista.

Por su parte, en los sectores rurales de México, las presiones no alimentarias se mantuvieron acotadas principalmente a los sectores de transporte público y artículos de cuidados personales. Las cifras del Inegi ponen de relieve la urgencia de revisar las políticas de contención de precios en los insumos básicos, pues el costo urbano continúa ensanchando la brecha de acceso para las familias de menores ingresos.