El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, calificó como “habitual” la postura de Estados Unidos de cara a la primera revisión conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), luego de sostener reuniones clave con sus contrapartes norteamericanas.

El funcionario mexicano minimizó las tensiones iniciales y afirmó que no le pareció inusual ni sorpresivo que el gobierno estadounidense, encabezado por el presidente Donald Trump, solicitara analizar con lupa diversos puntos estratégicos del acuerdo comercial.

El déficit comercial: La principal preocupación de Donald Trump

El eje central de las demandas estadounidenses no es un secreto. De acuerdo con Ebrard, la administración de Trump mantiene el foco puesto en la balanza comercial de la región, argumentando que las condiciones actuales desfavorecen a su economía.

“El presidente Trump y la administración, tenemos una gran preocupación sobre el déficit que tiene Estados Unidos con México y Canadá, y una serie de cosas que quisiéramos que se corrijan”, recordó el secretario mexicano respecto a lo expresado por su contraparte estadounidense durante los encuentros bilaterales.

El gobierno de la Unión Americana espera que este proceso de revisión sirva como un mecanismo directo para corregir o disminuir de forma drástica dicho déficit, una narrativa que ha sido el pilar de la política comercial de Washington hacia sus socios del norte y del sur.

México apuesta por una negociación predecible

A pesar de las exigencias de la Casa Blanca, la Secretaría de Economía de México ha optado por mantener una postura diplomática y de apertura. Para Ebrard, que la potencia norteamericana busque ajustar los balances de intercambio de mercancías entra dentro de la naturaleza de este tipo de tratados internacionales, especialmente bajo una administración que prioriza el proteccionismo industrial.

Especialistas en comercio exterior señalan que el gran reto para México en las próximas mesas de trabajo será demostrar cómo la integración de las cadenas de suministro de la región fortalece la competitividad frente a bloques como el asiático, mitigando el impacto de la retórica del déficit.

El diálogo del T-MEC avanza en un escenario donde las presiones numéricas y las balanzas comerciales definirán el futuro del acuerdo económico más importante del continente.