La economía mexicana enfrenta un panorama de desaceleración más pronunciado de lo previsto por las autoridades locales. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sacudió las expectativas financieras este miércoles al aplicar un severo recorte a su pronóstico de crecimiento para el Producto Interno Bruto (PIB) de México, ubicándolo en apenas un 0.8 por ciento para este 2026, una cifra significativamente menor al 1.3 por ciento que el propio organismo estimaba en marzo pasado.

Con este ajuste a la baja, el club de las economías desarrolladas coloca su previsión en un terreno mucho más pesimista que el de los canales oficiales y los consensos financieros del país:
- Brecha con Hacienda: Se sitúa muy por debajo del 2.3 por ciento optimista que defiende la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
- Brecha con el Mercado: Queda rezagado frente a la media del 1.1 por ciento que sostienen los especialistas del sector privado consultados por el Banco de México (Banxico).
- Zona de holgura: Se alinea con el rango bajo del propio banco central, que recientemente reconoció que la brecha del producto se amplía a terreno negativo (en un intervalo general de entre 0.5 y 1.7 por ciento).
Sin embargo, no todo fueron métricas a la baja. En el plano de mediano plazo, el organismo multilateral ajustó levemente al alza su previsión para el PIB de 2027, fijándola en 1.8 por ciento en lugar del 1.7 por ciento proyectado con anterioridad.
El motor del consumo frente a una inversión frenada
Al interior del reporte de Perspectivas Económicas para América Latina, los expertos de la organización con sede en París detallaron que, a pesar del enfriamiento general, la actividad económica del país se mantendrá a flote impulsada principalmente por la demanda interna. Esto se debe a un consumo privado que sigue respaldado por las bajas tasas de desempleo general.
Asimismo, estiman que la inversión privada se beneficiará gradualmente conforme comience a surtir efecto el ciclo de recorte en las tasas de interés de la política monetaria. No obstante, advirtieron que la inversión productiva de capital “seguirá viéndose limitada por la elevada incertidumbre tanto en el plano nacional como mundial”, mientras que la inversión pública operará en niveles moderados debido a los esfuerzos obligados de la federación por reducir el déficit fiscal.
Inflación y el escudo fiscal de los combustibles
“Pese a la caída visible en la demanda interna, la inflación general de México subió a 4.5% en abril, impulsada por persistentes presiones sobre los precios de las frutas y verduras, así como en el sector de servicios”, apunta el documento.
Para contener este impacto en los bolsillos de la población, el informe destaca la política fiscal del gobierno mexicano, el cual utiliza los estímulos al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) como un amortiguador técnico frente a la volatilidad de las cotizaciones internacionales del crudo.
La OCDE valora positivamente que la reducción o eliminación temporal de este impuesto mitigue las presiones inflacionarias sobre los costos de traslado y proteja el poder adquisitivo de los hogares, un costo fiscal que, concluyen, se compensa de forma equilibrada gracias a los mayores ingresos petroleros captados por el Estado, previendo que dicho mecanismo contracíclico continúe vigente durante todo su periodo de proyección.


















