A un mes de los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán, el Fondo Monetario Internacional (FMI) lanzó una alerta roja: la crisis energética ya está mutando en una amenaza alimentaria global. La interrupción en el suministro de fertilizantes, que transitan mayoritariamente por el Estrecho de Ormuz, pone en riesgo las cosechas del hemisferio norte y dispara el costo de la canasta básica.

El organismo advirtió que el bloqueo de esta ruta vital, por donde pasa un tercio de los fertilizantes mundiales, ocurre precisamente al inicio de la temporada de siembra, lo que presagia un crecimiento económico más lento y una inflación persistente.

Fertilizantes: El nuevo cuello de botella

El FMI explicó que el encarecimiento de los insumos agrícolas no es solo un dato estadístico, sino un detonante de inestabilidad sociopolítica. Al detenerse el flujo de fertilizantes en Ormuz, los rendimientos de las próximas cosechas se ven amenazados, elevando los precios de los alimentos a escala mundial.

“Los países de bajos ingresos corren un riesgo especial de inseguridad alimentaria; algunos podrían necesitar más apoyo externo justo cuando dicha asistencia ha disminuido”, destacó el organismo.

El impacto desigual en el bolsillo

La preocupación del FMI radica en el peso que los alimentos tienen en el gasto familiar según la región:

  • Países de ingreso bajo: El 36% del consumo se destina a comida.
  • Economías en desarrollo: Representa el 20% del gasto.
  • Economías avanzadas: Solo representa el 9%.

Esta disparidad convierte cualquier aumento en los precios de los fertilizantes en un problema de supervivencia para las naciones más vulnerables, elevando el riesgo de estallidos sociales por hambre.

Perspectivas para abril

Aunque el panorama actual es sombrío, el FMI presentará una evaluación detallada a mediados de abril de 2026, cuando publique sus informes de Perspectivas Económicas Mundiales y Estabilidad Financiera Global. Por ahora, la consigna es clara: la guerra en el Golfo Pérsico implica precios más altos y un freno al crecimiento global.

Históricamente, los aumentos sostenidos en el petróleo han elevado la inflación, pero la combinación actual con la crisis de fertilizantes crea una “tormenta perfecta” que podría redefinir la economía de este año.