El frente interno de Donald Trump comienza a agrietarse. A cuatro días del inicio de la ofensiva contra Irán, el gobierno de Estados Unidos enfrenta una oleada de críticas por la falta de evidencias sobre una “amenaza inminente”, mientras sondeos de opinión como el de CNN revelan que casi 6 de cada 10 estadounidenses desaprueban la acción militar.

Pese a que el Pentágono anunció este lunes el despliegue de tropas adicionales en la región, la narrativa oficial se tambalea ante un Congreso que no autorizó los ataques y que califica la intervención como una violación directa a la ley internacional y constitucional.

Un conflicto sin “amenaza inmediata”

La principal controversia radica en la justificación del ataque. Líderes militares del propio Pentágono habían concluido, previo al bombardeo masivo del sábado, que no existía una amenaza inminente contra Estados Unidos.

Aunado a esto, se reveló que Irán había aceptado, apenas un día antes del ataque, un mecanismo de monitoreo internacional para garantizar que no desarrollaría arsenal nuclear, bajo la mediación del canciller de Omán.

“Trump tenía la opción de declarar victoria con un acuerdo más fuerte que el de la era Obama. En lugar de eso, declaró la guerra”, afirmó Trita Parsi, vicepresidente del Quincy Institute for Responsible Statecraft.

Caos legislativo y resoluciones de desaprobación

En el Capitolio, la tensión es máxima. Legisladores de ambas cámaras preparan resoluciones para frenar el conflicto:

  • Tim Kaine (Senador Demócrata): Calificó la acción de “peligrosa, innecesaria e idiota”, llamando a un voto inmediato para poner fin a la guerra.
  • Bernie Sanders (Senador Progresista): Denunció que la “guerra Trump-Netanyahu” es inconstitucional y recordó los traumas de Vietnam e Irak. “Basta de mentiras y guerras sin fin”, sentenció.

Mensajes contradictorios desde la Casa Blanca

El presidente Trump ha alimentado la confusión sobre los objetivos finales. Mientras por un lado afirma estar abierto a negociar, por otro insta al pueblo iraní a derrocar a su liderazgo actual. Este lunes, el mandatario advirtió que la guerra podría extenderse por cuatro o cinco semanas más, contradiciendo su promesa de campaña de detener los conflictos en el extranjero.

El despliegue de más tropas y la parálisis del derecho internacional sitúan a Washington en una posición de aislamiento diplomático, mientras la sociedad civil estadounidense empieza a movilizarse contra una guerra que, según sus críticos, pudo haberse evitado con la diplomacia que ya estaba sobre la mesa.