Las empresas de la Unión Europea han logrado absorber con éxito el impacto de los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump, manteniendo su competitividad en el mercado norteamericano. Sin embargo, el verdadero “freno” para su crecimiento se encuentra dentro de sus propias fronteras: la fragmentación de normas y reglamentos del mercado común europeo.

Así lo reveló este martes la Encuesta de Inversión del Grupo BEI 2025/2026, el sondeo más extenso realizado por el Banco Europeo de Inversiones, basado en las respuestas de 13,000 empresas recopiladas entre abril y julio.

Resiliencia ante el “factor Washington”
Pese a que el acuerdo comercial marco de julio estableció un arancel de importación del 15% a la mayoría de los productos comunitarios —frustrando el ideal de un arancel cero—, las exportadoras de la UE han demostrado una adaptación sorprendente.
- Impacto manejable: El BEI señala que, hasta ahora, el costo de los aranceles ha sido absorbido en gran medida por los importadores estadounidenses.
- Menos preocupación: Curiosamente, el sondeo muestra que las empresas de EE. UU. expresaron mayor preocupación por estas medidas proteccionistas que sus homólogas europeas, quienes han logrado mantener sus flujos comerciales.
El reto: Un mercado europeo fragmentado
El informe es contundente: mientras la tecnología y el comercio exterior avanzan, el mercado interno de la UE se estanca por la burocracia y la falta de homologación. Las empresas señalan dificultades críticas para vender sus productos dentro del bloque debido a la diversidad de reglas locales, lo que impide aprovechar plenamente las ventajas de la unión económica.
IA: Europa a la par de Estados Unidos
Una de las sorpresas más positivas de la encuesta es el avance tecnológico. El BEI reveló que las empresas de la Unión Europea están tan avanzadas en el uso de Inteligencia Artificial (IA) como las firmas estadounidenses.
Este despliegue masivo de IA ha permitido un aumento sostenido en la productividad, compensando parcialmente los costos de la transición ecológica y los desafíos logísticos globales. “Las empresas de la UE se han adaptado bien al rápido avance tecnológico y a las exigencias ambientales”, afirma el estudio.

















