
El Jardín Hidalgo fue el lugar ideal, donde el tiempo pareció detenerse para dar paso a la palabra más sencilla y, a la vez, más profunda: sí. Bajo su sombra histórica, quinientas parejas entrelazaron sus destinos durante la Segunda Edición de las Bodas de la Esperanza, un acto colectivo donde las 491 parejas heterosexuales, 7 parejas de mujeres y dos parejas de hombres celebraron el amor como cimiento de la comunidad.
La presidenta municipal de San Pedro Tlaquepaque, Laura Imelda Pérez Segura, ofició la ceremonia dando voz y forma a cada compromiso. Sus palabras, cargadas de simbolismo y responsabilidad pública, sellaron no solo un acto jurídico, sino una promesa compartida de acompañarse en el andar de la vida.
“Con profundo orgullo y una inmensa alegría, les doy la más cordial bienvenida, en nombre de la Ciudad de la Esperanza, a esta ceremonia de matrimonios colectivos. Hoy, en este entrañable Jardín Hidalgo, somos testigos de un momento que marca destinos: el inicio formal de una unión que nace del amor, de la confianza y de la firme voluntad de caminar juntos”, expresó la alcaldesa.
Celebramos la alegría, pero también la valentía de decidir compartir la vida. En Tlaquepaque asumimos con honor la responsabilidad de dar certeza jurídica a un acto profundamente humano. Por eso esta ceremonia lleva un nombre que lo dice todo: Bodas de la Esperanza. Porque cada pareja que hoy se une deposita en este momento sus sueños, sus anhelos y la promesa de construir un hogar donde habiten el respeto, la solidaridad y la ayuda mutua. Al amparo de la ley, damos forma legal a lo que ya existe en el corazón, subrayó Laura Imelda.
“Algunas parejas comienzan hoy una nueva historia llena de páginas en blanco; otras consolidan un amor que el tiempo ha fortalecido y probado. En ambos casos, su decisión es un mensaje luminoso para nuestra comunidad: el amor sigue siendo la fuerza más poderosa para transformar la realidad. Esta ceremonia no es solo un trámite; es la afirmación pública de un compromiso profundo. Es un pacto de vida, un “sí” que significa acompañarse en la alegría y en la dificultad, sostenerse en los desafíos y celebrar juntos cada logro. Es la promesa de no soltarse y de seguir creyendo, todos los días, en la esperanza”, remarcó la presidenta municipal.
Alrededor, familiares, amigas y amigos fueron testigos atentos de este irrepetible instante. En sus miradas habitaba el orgullo, en sus sonrisas la emoción contenida. El aire mismo parecía vibrar con la alegría de quienes comprendían que el amor, cuando se celebra en comunidad, se vuelve más fuerte.
Como gesto tangible de respaldo y acompañamiento, el gobierno municipal entregó mil argollas matrimoniales y 500 actas correspondientes, símbolos circulares y escritos que confirman que el amor también necesita certeza y reconocimiento para perdurar.
En una celebración de tal magnitud, el pastel no podía faltar. La empresa Petit se sumó al festejo al donar un impresionante pastel de tres pisos, elaborado para mil quinientas personas, quienes disfrutaron de su exquisito sabor y delicada textura, convirtiéndolo en uno de los momentos más esperados de la jornada.
Pero más allá del brillo y la alegría, la organización también pensó en el bienestar de los asistentes. Como medida preventiva ante el tema del sarampión, el municipio distribuyó cubrebocas entre los invitados e instaló dos módulos de vacunación y despachadores de gel antibacterial, reafirmando su compromiso con la salud pública sin restar calidez al encuentro.
La celebración se extendió hacia la explanada de la presidencia municipal, donde la música abrió el espacio a la memoria y la emoción compartida. Los acordes de Los Terrícolas y Los Freddy’s envolvieron la noche, regalando a las y los recién casados una velada íntima y festiva, tejida de canciones que narran amores que resisten al tiempo.
La presidenta Laura Imelda Pérez Segura manifestó su beneplácito por este encuentro de voluntades, reconociendo en cada matrimonio una semilla de esperanza y un acto de confianza en el futuro. Porque en cada unión celebrada, Tlaquepaque se reafirma como un territorio donde el amor encuentra hogar.
















