En medio del creciente caos en los aeropuertos estadounidenses, el presidente Donald Trump exigió este lunes que todos los controladores aéreos regresen de inmediato a sus puestos, mientras el prolongado cierre del Gobierno federal sigue afectando gravemente al sistema de transporte aéreo del país.
“¡Todos los controladores aéreos deben regresar al trabajo, AHORA MISMO! Quien no lo haga sufrirá una importante reducción de sueldo. ¡Preséntense a trabajar inmediatamente!”, escribió Trump en su red social, en un mensaje que generó reacciones encontradas tanto en el Congreso como entre los propios trabajadores federales.
El mandatario anunció además que recompensará a los empleados que no se ausentaron durante los 41 días de cierre, aunque no especificó los criterios ni el monto del incentivo. Al mismo tiempo, advirtió que aceptará la renuncia de quienes no se hayan presentado a trabajar en ese periodo.
Crisis en los aeropuertos y escasez de personal
El cierre de la administración federal —uno de los más prolongados en la historia reciente— ha dejado sin salario a miles de empleados públicos, incluidos los controladores aéreos, cuya ausencia ha provocado cancelaciones, retrasos y reducción de vuelos en los principales aeropuertos del país.
De acuerdo con la Administración Federal de Aviación (FAA), entre el 20% y el 40% del personal de control de tráfico aéreo no se ha presentado a trabajar en los 30 aeropuertos más grandes de Estados Unidos desde el inicio del cierre.
El director de la FAA, Bryan Bedford, advirtió que la situación se está volviendo insostenible. Por su parte, el secretario de Transporte, Sean Duffy, confirmó que el pasado sábado fue “el peor día en cuanto a personal desde que comenzó el cierre”, con demoras generalizadas y aerolíneas que operaron con capacidad reducida.
Impacto político y económico
El cierre del Gobierno —provocado por la falta de acuerdo presupuestal en el Congreso— ha afectado sectores clave como seguridad, transporte y servicios federales, con pérdidas económicas estimadas en miles de millones de dólares.
La presión aumenta sobre la Casa Blanca para alcanzar un acuerdo con los legisladores y poner fin al cierre, mientras los sindicatos de trabajadores federales denuncian violaciones laborales y advierten que la seguridad aérea podría estar en riesgo si no se restablecen las operaciones completas.
















