- Columna de opinión.
- Escrita por: Eduardo González Velázquez.
Este fin de semana asistimos al relanzamiento por enésima vez del Partido Acción Nacional. Aseguraron a pie juntillas que ahora sí se van a reformar. Escucharán a todas las voces. Abrirán su vida democrática de cara a la sociedad. Nada de candidaturas a modo ni a partir de favores personales. Se elegirán a los mejores cuadros. Regresarán a sus principios fundacionales. Enterrarán todo lo dicho por los neopanistas-yunquistas-conservadores que lanzaron a partir de su arribo al blanquiazul a principios de la década de los ochenta del siglo pasado. Solo les faltó decir: “no se crean, lo que afirmamos durante casi medio siglo era mentira”.
Sin embargo, una cosa es la que se dijo en el templete panista y muy otra las voces que lo afirmaron: el menú fue PAN con lo mismo. El tinglado fue abarrotado por quienes han regenteado el partido en las últimas décadas y que lo han llevado a un bajísimo nivel de representatividad ciudadana, orillándolo al extravío ideológico y priorizando el pragmatismo electoral sobre cualquier principio democrático.
Quizá lo que más llamó la atención fue el anuncio de la cancelación de las alianzas partidistas que le han dado oxígeno, sobre todo a los partidos que han ide de la mano panista. El dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, confirmó que ya no irán en alianza con nadie, según sus palabras: las alianzas del pasado, presente y futuro han sido desterradas de la estrategia panista para regresar al poder.
No más bloque opositor sin ton ni sol, ni con las incongruencias ideológicas de sus integrantes que los llevó a un desconocimiento sustancial de sus bases electorales, en las pasadas elecciones. Veremos qué tanto sobreviven sin alianza, el mismo PAN, pero, sobre todo, el PRI y MC.
Lo que si quedó claro en el evento blanquiazul es que el PAN se quitó la máscara ideológica del humanismo para mostrarse como lo que realmente son, un partido de derecha que rápidamente se mueve a la extrema derecha. Su nuevo grito de lucha así lo confirma: Patria, familia y lealtad. Emulando el alarido de Donald Trump, Javier Milei y Vox en España. A no dudar, fuera tapujos panistas.
Nos queda claro que en México nos ayudaría mucho una oposición fuerte, con una visión y propuesta de país incluyente y seria, no una oposición montada en una débil estrategia mercadológica para presentarse en las elecciones a pepenar el número mínimo de votos para no naufragar en el escenario político nacional.
La refundación del PAN apunta a lo segundo: la changarrización de la política partidista.


















