Al cumplirse un año del gobierno de Claudia Sheinbaum, uno de los pendientes más sensibles sigue siendo el abasto de medicamentos en el sistema de salud. Mientras las autoridades federales aseguran que el suministro nacional se acerca al 100%, pacientes y médicos denuncian una realidad muy distinta: tratamientos interrumpidos, cirugías suspendidas y una cadena de distribución que no logra cubrir la demanda.

El subsecretario de Salud, Eduardo Clark, presentó hace poco las cifras que posicionan al país con un nivel de suministro “muy cercano al 100%”. Según sus datos, el número de medicamentos que llegan a las instituciones de salud “se incrementa mes con mes”. La presidenta Sheinbaum respaldó la información y añadió que el problema también está relacionado con “prácticas monopólicas”, sobre todo en fármacos oncológicos, donde pocas empresas concentran el mercado y elevan los precios.

Sin embargo, en la práctica, la cobertura apenas alcanza el 42% de lo solicitado por las unidades médicas, de acuerdo con la plataforma de compras consolidadas del sector Salud. Esto significa que, aunque los medicamentos llegan a almacenes centrales, no siempre se distribuyen efectivamente a los pacientes que los requieren.

Para Adolfo Martínez, investigador de la UNAM, la brecha entre el discurso oficial y la realidad responde a dos factores: “Primero, la distribución: no basta con que los fármacos estén en inventario, deben llegar al paciente. Y segundo, la producción: muchos medicamentos requieren tiempo de fabricación y una planeación adecuada”.

El especialista advierte que se trata de una “gestión deficiente”, que golpea especialmente a los pacientes con enfermedades crónicas y oncológicas. En algunos hospitales, médicos han reportado la suspensión de cirugías por falta de insumos básicos como anestesia o antibióticos.

Mientras tanto, organizaciones civiles y colectivos de pacientes mantienen la exigencia de un abasto real y constante, señalando que la promesa presidencial de garantizar medicamentos gratuitos aún está lejos de cumplirse.

A un año de gobierno, la administración de Claudia Sheinbaum enfrenta así una de sus deudas más visibles: lograr que la cobertura prometida en papel se convierta en acceso real a tratamientos para los mexicanos.