En un movimiento inesperado y estratégico, el gobierno de Canadá suprimió el Impuesto sobre los Servicios Digitales (ISD) dirigido a las grandes tecnológicas estadounidenses apenas unas horas antes de su entrada en vigor este lunes. La decisión busca destrabar las estancadas negociaciones comerciales con Estados Unidos y evitar una escalada de tensiones económicas.
El anuncio fue emitido por el Ministerio de Finanzas de Canadá la noche del domingo 29 de junio, en el que confirmó que el primer ministro Mark Carney y el presidente estadounidense Donald Trump reanudarán las conversaciones con el objetivo de alcanzar un nuevo acuerdo antes del próximo 21 de julio.
“Gracias Canadá por eliminar su Impuesto a los Servicios Digitales, que pretendía ahogar la innovación estadounidense y habría sido un factor de ruptura para cualquier acuerdo comercial con Estados Unidos”, celebró Howard Lutnick, secretario de Comercio estadounidense, a través de la red social X.
El ISD canadiense había sido fuertemente criticado por la administración Trump, que calificó el gravamen como un “ataque descarado” a las empresas tecnológicas norteamericanas, incluyendo gigantes como Google, Amazon y Meta. De hecho, el presidente estadounidense suspendió abruptamente las negociaciones el pasado viernes, en señal de protesta, y amenazó con imponer aranceles a productos canadienses esta misma semana si Ottawa mantenía su postura.
Aunque la eliminación del impuesto representa una victoria diplomática para Washington, también marca un giro importante en la estrategia comercial de Canadá, que había defendido el ISD como una medida justa ante la creciente concentración de beneficios digitales en manos de empresas extranjeras.
Impacto inmediato en los mercados
La noticia tuvo repercusiones inmediatas en los mercados financieros. Los futuros de Wall Street alcanzaron máximos históricos en la mañana del lunes, reflejando el optimismo de los inversionistas ante la posibilidad de un nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos y Canadá, así como con otros socios estratégicos.
El gesto de Ottawa ha sido interpretado como una señal de apertura, mientras se espera que las conversaciones bilaterales incluyan otros temas sensibles como el comercio de energía, productos agrícolas y medidas tecnológicas.
Contexto tenso y plazo clave
La relación entre Canadá y Estados Unidos, aunque históricamente estrecha, ha atravesado turbulencias durante el mandato de Trump, especialmente en materia comercial. Este nuevo capítulo refleja una dinámica de presión y negociación en la que ambos países buscan evitar una guerra arancelaria a gran escala.
La fecha límite del 21 de julio se perfila ahora como un momento clave para definir si esta tregua fiscal se traduce en un acuerdo duradero o si las amenazas de nuevos aranceles por parte de Trump regresan las relaciones bilaterales al caos.



















