Las reuniones previas al cónclave papal han comenzado en la Ciudad del Vaticano, marcando el inicio de un proceso que expertos vaticanistas ya califican como “el más impredecible” en la historia reciente de la Iglesia católica. Con una Iglesia cada vez más dividida y polarizada, los cardenales han iniciado las denominadas congregaciones generales, clave para los acuerdos políticos que definirán al próximo Papa.
Giovanni María Vian, exdirector del influyente diario oficial del Vaticano L’Osservatore Romano, expresó en entrevista con El Confidencial que este cónclave será escenario de una “confrontación implacable”. Vian, quien dirigió el medio entre 2007 y 2018, advirtió que “la Iglesia está más dividida ahora que en 2013, cuando fue elegido Jorge Mario Bergoglio como Papa Francisco”.
Las congregaciones: el terreno real de la elección papal
Aunque el cónclave formal aún no ha comenzado, las congregaciones generales –reuniones previas entre los cardenales electores– son, según los especialistas, donde se definen las verdaderas candidaturas. El reconocido escritor y vaticanista Eric Frattini, asesor en varias producciones cinematográficas sobre el Vaticano, señala que “el Papa se decide más o menos en las congregaciones generales”.
En estos encuentros, los cardenales pueden hablar libremente, hacer política, formar alianzas y negociar apoyos. Frattini describe un ambiente donde las estrategias son moneda corriente: “Por ejemplo, los 17 cardenales italianos se sientan con los 10 estadounidenses, conocidos como el Dream Team, y acuerdan: ‘Si yo apoyo a tu candidato como Papa, ¿tú apoyarías al mío como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe?’”.
Un cónclave sin favoritos claros
A diferencia de otros cónclaves recientes, donde se vislumbraban nombres con ventaja desde el inicio, en esta ocasión no hay un favorito indiscutible. Esta falta de consenso refuerza la idea de una elección impredecible, donde cada voto, cada alianza y cada conversación en los pasillos del Vaticano puede inclinar la balanza.
Los ojos del mundo están puestos en Roma, donde los próximos días serán determinantes para el futuro de la Iglesia católica. El ambiente, según los especialistas, está cargado de tensión, estrategia y decisiones históricas.
















