En una conmovedora ceremonia cargada de simbolismo y tradición, el cuerpo del Papa Francisco fue trasladado este miércoles desde su residencia en la Casa Santa Marta hasta la Basílica de San Pedro, en una procesión solemne que marcó el inicio de los actos fúnebres oficiales.

El pontífice argentino, fallecido a los 88 años tras sufrir un derrame cerebral hace dos días, fue colocado en un ataúd abierto sostenido por 14 portadores vestidos de negro, con guantes blancos, que lo llevaron con respeto y solemnidad a lo largo de la explanada vaticana.

La procesión, que partió desde el corazón de la Ciudad del Vaticano, estuvo encabezada por cardenales con sus característicos sombreros rojos, sacerdotes y frailes portando velas encendidas, mientras los emblemáticos guardias suizos, ataviados con cascos y uniformes de gala, ofrecían una escolta ceremonial. Las campanas de la Basílica de San Pedro resonaron con fuerza, acompañando los cánticos de un coro masculino que entonaba salmos y oraciones en latín.

“Queridos hermanos y hermanas, con profundo dolor acompañamos ahora los restos mortales de nuestro Papa Francisco a la Basílica Vaticana”, expresó con emoción el cardenal Kevin Farrell, de origen irlandés-estadounidense, al inicio del acto.

La muerte del papa Francisco ha generado una profunda conmoción en el mundo católico. Primer pontífice jesuita y el primero de América Latina, su pontificado estuvo marcado por un firme compromiso con los más pobres, la justicia social y una apertura pastoral sin precedentes. Su estilo humilde y cercano le valió el cariño de millones, dentro y fuera de la Iglesia.

Un legado que trasciende fronteras

El cuerpo del papa será expuesto en la Basílica de San Pedro durante varios días, para que fieles de todo el mundo puedan rendirle homenaje antes del funeral oficial, programado para el sábado. Se espera la asistencia de líderes religiosos y jefes de Estado de todo el planeta.

El Vaticano ha dispuesto medidas especiales para facilitar el acceso de los peregrinos, en lo que ya se perfila como una de las despedidas papales más multitudinarias de la historia reciente.