El Papa Francisco, nacido con el nombre de Jorge Mario Bergoglio, no solo fue el líder espiritual de millones de católicos alrededor del mundo: también es un apasionado del fútbol, con una relación entrañable y de larga data con San Lorenzo de Almagro, el club de sus amores. Su vínculo con el deporte más popular del mundo trasciende lo anecdótico y revela mucho de su personalidad: sencilla, cercana y profundamente argentina.

Fanático del Ciclón

Desde joven, Bergoglio fue hincha ferviente de San Lorenzo, uno de los cinco grandes del fútbol argentino. No solo lo ha confesado en numerosas entrevistas, sino que también conserva su carnet de socio al día, incluso después de haber sido elegido como Sumo Pontífice en 2013. Ha recibido en el Vaticano a jugadores del club y a directivos, con quienes ha compartido charlas distendidas, recuerdos y alguna que otra broma futbolera.

Uno de los momentos más emocionantes para él como hincha ocurrió en 2014, cuando San Lorenzo ganó por primera vez en su historia la Copa Libertadores. Pocos días después de aquella histórica consagración, el Papa recibió al plantel completo en el Vaticano, acompañado de la dirigencia del club. En la audiencia, visiblemente emocionado, agradeció el gesto, bendijo al equipo y, con su característico humor, dijo: “Ustedes no saben el bien que le hicieron a mi corazón”. Aquella foto con el trofeo en la Santa Sede es ya parte de la historia grande del club.

Alfio Basile lo echó del vestidor

Otra anécdota pintoresca de su historia futbolera ocurrió en los años 70, cuando Alfio “Coco” Basile, exjugador y entrenador, dirigía a San Lorenzo. En esa época, Bergoglio —entonces un joven sacerdote jesuita— frecuentaba los entrenamientos y solía ingresar al vestuario. Pero un día, el Coco, con su estilo frontal, lo frenó: “Padre, afuera”.

Basile confesó años más tarde que jamás se imaginó que ese cura terminaría siendo Papa. “Si lo llego a saber, lo dejo que dirija la charla técnica”, bromeó con simpatía.

Cómo se enteró que Argentina ganó el Mundial de Qatar 2022

Pese a su investidura, Francisco no ha perdido su interés por el fútbol, aunque evita ver partidos por respeto a su cargo. Durante el Mundial de Qatar 2022, siguió de lejos el camino de la Selección Argentina. No vio la final, pero se enteró de la victoria sobre Francia por un guardia suizo del Vaticano, quien entusiasmado le dio la noticia.

La sonrisa del Papa fue suficiente para entender lo que ese triunfo significó para él. Posteriormente, valoró el trabajo del equipo y la figura de Lionel Messi, pero sobre todo resaltó el espíritu de grupo: “El fútbol se juega en equipo, y eso es lo que más me gustó de Argentina”.

Un hincha auténtico en la Santa Sede

El Papa sigue ligado al fútbol no solo como espectador ocasional, sino como símbolo de unión y cultura popular. Ha elogiado a Maradona, a quien despidió con palabras afectuosas, y a Messi, a quien recibió en el Vaticano con gran calidez. Ha dicho que el fútbol es una escuela de vida, donde se aprende a levantarse tras la derrota, a compartir la victoria y a jugar limpio.

La relación entre el Papa Francisco y el fútbol es auténtica, emotiva y profundamente argentina. Su amor por San Lorenzo, el recibimiento al plantel campeón de la Copa Libertadores 2014, la anécdota con Basile, y su peculiar manera de enterarse del título en Qatar 2022 son parte de una historia única. Porque incluso desde la Santa Sede, el fútbol sigue latiendo en el corazón del hincha más querido del planeta.