La reunión de quince senadores panistas con Santiago Abascal, radical líder del partido español Vox, es solo un capítulo más de un fenómeno que no ha dejado de ocurrir prácticamente desde el nacimiento del PAN: la intentona de grupos ultraconservadores por apropiarse de la agenda del partido históricamente icónico de la derecha en México.

Es decir, en el PAN, el ultraconservadurismo, es un inquilino incómodo dentro de las estructuras blanquiazules. Una especie de Caballo de Troya.

En ocasiones, como si fuera un intruso, ha tenido que permanecer oculto en el sótano, pero en otras ocasiones, como invitado de honor, ha logrado colarse temporalmente hasta el mismísimo despacho alfombrado de la presidencia nacional, con personajes como Luis Felipe Bravo Mena o Manuel Espino (ahora incrustado en la Cuarta Transformación) y en los estados con varios gobernadores.

El péndulo casi siempre regresa al otro lado del espectro derechista: el de los panistas más moderados o incluso el de los pragmáticos, quienes por cálculos electorales prefieren llevar una agenda que si bien sigue defendiendo a la vida y la familia, se parece más a la del PRI, con el que por cierto terminaron de entenderse muy bien en el pasado proceso electoral. Ese pragmatismo es algo de lo que reprochan los más radicales del partido.

Sería injusto afirmar que todos los integrantes de Acción Nacional se identifican con el ideario de extrema derecha. Conozco a militantes –sobre todo mujeres jóvenes- que no están de acuerdo con esa agenda. Pero tampoco podemos negar la presencia constante de estos grupos ultraconservadores que durante décadas han intentado apoderarse definitivamente la cúpula directiva del partido para imponer su agenda.

Esta lucha entre ultraconservadores, y simpatizantes de derecha moderados, se ha dado desde el nacimiento del PAN en 1939. Que por cierto, en esa intentona de presentar al blanquiazul como un partido moderno, se ha querido borrar de un plumazo que varios de los fundadores del PAN simpatizaban con el nazismo de Adolfo Hitler, tenían un claro corte filofranquista y obtuvieron su inspiración de Acción Francesa para crear al partido. Invito a leer el extraordinario libro de Rafael Barajas “El Fisgón” al respecto.

Durante el siglo XX y lo que va del XXI, han operado en México diversos grupos ultraconservadores –recomiendo leer los libros del inmenso Manuel Buendía- que aglutinan a personas emanadas de diversos sectores, como el MURO (Movimiento Universitario de Renovada Orientación), el DHIAC ( Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana) la Asociación Nacional Cívica Femenina (Ancifem) o la Unión Nacional Sinarquista, que participó políticamente y sin tapujos en el Partido Demócrata Mexicano (PDM), mejor conocido como El Gallito Colorado.

Pero el más famoso de estos grupos de ultraderecha es El Yunque, organización secreta y ultra católica fundada en 1953 en Puebla, por Ramón Plata Moreno y Manuel Díaz Cid y cuya misión es “instaurar el reino de Cristo en la tierra”, para lo cual su estrategia consiste, entre otras tácticas, en conquistar espacios de poder político para cristalizar su agenda conservadora.

El Yunque fue conocido públicamente en 2003 y 2005 por dos excelentes libros del intrépido periodista Álvaro Delgado (ese trabajo fue merecedor del Premio Nacional de Periodismo) y por las conferencias y declaraciones públicas de ex militantes arrepentidos, como el ex alcalde de Puebla, Luis Paredes Moctezuma y su fundador en Guanajuato, Luciano Ruiz Chávez.

En aquella primer década del siglo XXI, la organización de El Yunque vivió su etapa de esplendor en cuanto a la conquista de posiciones de poder en el Gobierno Federal y varias entidades de la República y municipios gobernados en mayor medida por el PAN. Con la llegada a la presidencia de Enrique Peña Nieto y el fugaz retorno del PRI en la pasada década, poco se había hablado de esa organización, al grado de que muchos la creían extinta.

Pero apenas hace unas semanas, la prensa ibérica documentó que El Yunque no solo seguía existiendo, sino que se ha extendido a otras naciones, particularmente a España, donde a través de la plataforma “Yo Influyo” y la organización “Hazte Oír”, operan en aquel país a favor del ultraconservador Vox. La visita del diputado de origen vasco y dirigente de ese partido de ultraderecha, Santiago Abascal a México, para reunirse con senadores del PAN que signaron la Carta Madrid para comprometerse a “frenar el avance del comunismo en Latinoamérica”, confirmó la existencia de estas ligas entre grupos conservadores de ambas naciones.

Es entendible y hasta sano que el Partido Acción Nacional se mantenga firme en la doctrina humanista de sus fundadores y que represente una alternativa ideológica que con toda claridad contraste a la de la Cuarta Transformación. Eso tampoco quiere decir que tengan que permitir que se radicalice su propuesta política con grupos que fomentan discursos de odio. Pero si así va a ser, entonces que lo digan claramente o que se deslinden de forma contundente.

No se vale que haya algunos, que en su fuero interno comulguen con esos principios ultraconservadores pero en público lo nieguen por cálculos electorales y prefieran seguir jugando con la ambigüedad.

Los mexicanos necesitamos claridad en las verdaderas intenciones de quienes pretenden ocupar o ya tienen espacios de poder. Es nuestro derecho. Por que, créame, que nos sorprenderíamos de saber que son muchos más de los que nos imaginamos quienes comparten ese ideario. No solo en el PAN, sino en otros partidos.

Por eso, nada de máscaras.

Y menos si esas máscaras tienen cucurucho.

Twitter: @julio_rios