Este lunes el presidente Andrés Manuel López Obrador, fiel a su costumbre de ser ave de tempestades, provocó nuevamente apasionadas reacciones por su ofrecimiento de asilo político a Julian Assange, personaje perseguido desde hace
varios años por los Estados Unidos, acusado de varios cargos, entre los que destacan espionaje y conspiración para obtener información clasificada como de alto secreto -entre la que hay comunicaciones diplomáticas confidenciales y reportes de actividades militares estadounidenses en distintos países- además de ponerla al alcance de distintos medios de comunicación para su difusión, con lo que por consecuencia y de acuerdo a las acusaciones, ademas de poner en riesgo la seguridad nacional norteamericana, colocó en grave riesgo a numerosas fuentes humanas originarias de distintos países que proveían información a un
país miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La referencia a Assange por parte del Presidente de México en la conferencia de prensa “mañanera”, vino a propósito de la resolución de la jueza británica, Vanessa Baraitse, quien negó la solicitud de extradición presentada por Estados Unidos para que el fundador de Wikileaks sea llevado a su territorio para enfrentar los cargos que se han presentado en siu contra en una Corte de Virginia.

López Obrador, al respecto de la decisión judicial británica que negó la extradición, dijo: “Creo que es un triunfo de la justicia, celebro el que en Inglaterra se actúe de esa forma, porque Assange es un periodista y merece una oportunidad. Estoy a favor de qué se le indulte. No solo eso, voy a pedirle al secretario de Relaciones Exteriores que haga los trámites correspondientes para que se solicite al gobierno del Reino Unido la posibilidad de que el señor Assange quede en libertad y que México le ofrece asilo político”.

México tiene una larga tradición en materia de asilo político y nuestro país ha suscrito varios tratados internacionales, entre los que resaltan: el Convenio sobre Asilo Diplomático, las convenciones sobre Asilo Político, sobre Asilo Territorial y sobre Asilo, así como la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, además del Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados.

A través de los años han sido varias las personas que han recibido asistencia de nuestro país, debido casi siempre a distintas magnitudes de problemas internacionales: León Trotsky fue asilado en México durante el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río; tras el golpe de Estado en Chile en 1973, el entonces presidente mexicano Luis Eheverría Álvarez envió una misión para traer a nuestro país a Mercedes Hortensia Bussi Soto, viuda del derrocado presidente chileno
Salvador Allende; más recientemente, Felipe Calderón Hinojosa brindó asilo político a Manuel Zelaya, ex presidente de Honduras y no hay que olvidar el asilo brindado en 2019 a Evo Morales, ex presidente de Bolivia, ya en el actual sexenio de la llamada 4T.

Por ello no es de extrañar el ofrecimiento de asilo político a un personaje que sin lugar a dudas es, como todos los anteriores ya citados, odiados por unos y amados por otros. Lo paradójico en este caso es que la declaración presidencial de que “Assange es un periodista y merece una oportunidad” contrasta brutalmente con la realidad de quienes ejercen el periodismo en México.

De acuerdo a la “Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2020”, realizada por Reporteros Sin Fronteras (RSF), que evalúa las condiciones para ejercer la libertad de expresión y de prensa en 180 países, México ocupa el lugar 143, “el más mortífero de América Latina para los medios de comunicación”.

El mismo informe afirma que “cuando los periodistas investigan temas molestos para el gobierno o relacionados con el crimen organizado, sufren amenazas, intimidaciones, pueden ser asesinados a sangre fría. Numerosos periodistas han desaparecido en el país; otros, se han visto obligados a exiliarse para ponerse a salvo.

Andrés Manuel López Obrador había dicho que la lucha contra la corrupción sería una prioridad de su gobierno. Sin embargo, desde que llegó a la presidencia, en diciembre de 2018, no ha destinado los recursos necesarios para frenar la espiral de violencia contra la prensa y la impunidad en que permanecen los crímenes cometidos contra periodistas”.

Y recordemos que el año pasado, el Congreso de la Unión aprobó la extinción de 109 fideicomisos entre los que estaba el Fideicomiso del Fondo para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, lo que aunado a un Estado de Derecho que no vive su mejor momento, una institucionalidad erosionada por un hiperpresidencialismo belicoso y a un discurso binario del régimen que no da espacio a los matices, ha creado un clima nada propicio para ya no digamos mejorar las condiciones para ejercer el periodismo, sino al menos para que el acoso, intimidación e incluso asesinatos a comunicadores, dejen de
ser parte del México peligroso para la circulación de ideas.

Cabe entonces preguntarse: ¿se ofrece asilo a Julián Assange por ser periodista o
hay otras razones detrás de ese ofrecimiento? Porque si es por ser periodista,
quizá venir a México no sea lo más conveniente para el fundador de WikiLeaks.