En muchos lugares del país, ya está reabriéndose la economía con una serie de medidas sanitarias para evitar brotes de coronavirus y evitar el colapso en los hospitales.

Esta ha sido la narrativa desde el comienzo de la Pandemia, los pacientes graves necesitan hospitalización y en muchos casos hasta respiradores y de ahí proviene la importancia de no abrir las actividades como las conocíamos antes y si es necesario permanecer en cuarentena.

Sin embargo, nos encontramos con la verdadera realidad. Los gobiernos en todo el mundo, con más fuerza en Europa, algunos estados de la unión americana y algunos países de Sudamérica han impuesto medias de cuarentena total a sus países. En el caso de México, se realizó la campaña Quédate en casa y una llamada Jornada Nacional de Sana Distancia, las cuales no fueron políticas tan radicales en términos de la obligatoriedad, sin embargo, algunos estados de la República sí aplicaron medidas más estrictas como el uso estricto de cubrebocas y la imposición para que la gente no saliera de casa a menos que tuviera actividades esenciales.

Sin embargo esas son las medidas, esas son las órdenes de los políticos, de los gobiernos, pero en la realidad vemos que ha habido una nula coordinación entre los estados y federación, con reclamos, con discrepancias, con distintos escenarios y en medio la gente, la economía y la salud.

Está la discusión de las reaperturas económicas en el mundo. En Estados Unidos aunque a ritmos distintos entre cada estado, ya prácticamente está reabriéndose toda la actividad económica. En algunos lugares con mucho más cuidado que en otros, pero difícilmente veremos un retroceso en los planes de reapertura. Parece que en los Estados Unidos, los gobiernos están dispuesto a sobrellevar la crisis de salud pero no dar marcha atrás a los planes de reactivación económica.

En México vimos una emergencia sanitaria impuesta por el gobierno federal totalmente extraña. Mientras muchos negocios considerados no esenciales debieron cerrar, los restaurantes, muchos de ellos con bares dentro, pudieron permanecer abiertos con el 50 por ciento de su capacidad, el transporte público funcionando prácticamente de manera normal, grandes tiendas de de autoservicio como Costco, Walmart, Aurrerá, Chedraui o Soriana, siguieron operando y vendiendo no solo comida sino todo tipo de productos no esenciales, mercados y tianguis operando, gente en las calles, en reuniones familiares, en fiestas, en albercadas y en un sinúmero de actividades donde se agomeraban personas.

En contraparte, pequeños negocios cerrados, actividades industriales y comerciales muy importantes para ciertas regiones o municipios totalmente cerradas y colapsadas, con empresarios y emprendedores tristes por por no poder abrir, viendo en las calles que a mucha gente no le importaba mucho el coronavirus y no había posibilidad de aplicar la regla.

Para un negocio, mano dura y clausura, para una persona que hacía una fiesta en casa, que subía a un camión del transporte público o que se aglomeraba en un supermercado, simplemente la norma del cubrebocas, nada más. Con esto, quiero llegar a la premisa, de que no se buscó en realidad detener una pandemia, que se propaga por el contacto humano, por las aglomeraciones, sin bien es cierto se cancelaron conciertos, eventos deportivos y culturales, que eso no puede reabrise y estoy totalmente de acuerdo, también es cierto que se dañó la economía de manera brutal sin tener justos medios. La injusticia para quienes tienen pequeños negocios contra las grandes cadenas comerciales, la injusticia para quien tiene una mueblería contra el llamado a misa a Elektra para cerrar sus tiendas, sin que cumplieran y sin que aplicara ahí el estado de derecho.

¿Dónde queda entonces la necesidad de detener una pandemia? Y podremos pensar, ¿Qué le pasa a Edgar, quiere que se reactive todo como si nada pasara y que se muera mucha gente? Claro que no y acoto y explico: la emergencia sanitaria y el cierre de la economía debió ser mucho más estricto para muchos sectores e incluso para aplicar la ley en las calles y así poder reabrir más rápido. Si bien en México no se han disparado los casos, o al menos hasta ahora, en lugares como Jalisco, lo cierto es que en cualquier momento puede haber brotes y muchos enfermos, pero por otra parte, la reapertura económica no necesariamente es el mal que puede destruir la vida de la gente en el tema de salud, porque se puede hacer una reapertura inteligente y permitir a los negocios vender, tener menso gente en sus establecimientos y adaptarse a una nueva realidad.

Mantener más tiempo la economía detenida, sin detener otras actividades como el transporte público es una falacia.

A lo que voy es que se debe entrar a una dinámica generalizada de la nueva realidad y no pensar que los negocios son los focos de contagio cuando hay tantos más que no están regulados ni siendo presionados.

Es momento, de reabrir la economía con certeza, con seguridad y con cuidado, porque mantenerla cerrada y mantener estos flujos tan grandes de personas sin control, lo único que vamos a tener son dos pandemias, la del COVID19 y la del hambre y la desesperación.